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UN MOMENTO

El Salón de la Fama

  • El Salón de la Fama
Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

Cuántos aspirarían estar en algún Salón de la Fama. El más conocido de todos es el Salón de la Fama del Deporte, pero hay otros muchos, y uno puede desear ser famoso por sus habilidades, por sus cualidades. En efecto, eso es positivo y es bueno, y recordemos también que en el Salón de la Fama siempre entra lo que son las virtudes de las personas.

Retomando el tema del béisbol, cuántos quisieran entrar al Salón de la Fama, pero han querido practicar el deporte de cualquier manera, usando las sustancias prohibidas. Se olvidan de que todo en la vida demanda ética, y el que quiere entrar al Salón de la Fama tiene que vivir una nueva ética: someterse a una disciplina. El que quiere entrar al Salón de la Fama de la vida tiene que saber practicar la solidaridad con los demás.

Volvamos con los peloteros. ¡Cuántos peloteros dominicanos son reconocidos y recordados, no por las fortunas que ganaron en los parques de béisbol, sino por el bien que han hecho, de cómo han empleado su dinero! ¡Cómo los peloteros más apreciados son los que sí fueron buenos peloteros y entraron al Salón de la Fama, pero sobre todo entraron al Salón de la Fama de la caridad, del amor! Es una lección que se ha de aprender continuamente, y cuando se tiene dinero se puede olvidar fácilmente.

Que no sea el dinero lo que te permita entrar al Salón de la Fama, cualquiera que sea; que lo que te permita entrar sean tus cualidades y lo que tú haces con ellas, lo que tú produces con ellas, lo que tú haces crecer y desarrollar. Lo que te hace entrar al Salón de la Fama de la vida es el bien que tú haces.

Deseemos entrar en el Salón de la Fama, y sobre todo deseemos entrar en el Salón de la Fama de la eternidad, que es el Salón de la Fama de Dios.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

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