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Puntos de vista lunes, 14 de enero de 2019

ORLANDO DICE

Danilo calla... Leonel proclama

  • Danilo calla... Leonel proclama
Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do

EL NÚMERO, MÁS QUE EL BILLETERO.- No puede decirse que se incentiva, que se provoca, que se desea, pero sin duda que al presidente Danilo Medina le agrada que funcionarios y sacerdotes promuevan la reelección en presencia suya. No es el billetero que insiste, es el número que gusta. El ministro Administrativo José Ramón Peralta reconvino, no dio boche, de que cesara esa práctica. Y hay que admitir que en las inauguraciones siguientes se aguantaron las ganas. Pero entonces vino el cura de Puerto Plata, cerró el misal, y confundió al pueblo de Israel y anunció otro Mesías (que tampoco el Haendel). La gente entendía antes que Peralta era Medina, pero como se mueven las cosas, y con marzo en camino, con Medina ni alter ego ni vocero. Que hable directamente como Jehová a Moisés, o que muestre la Tabla de la Ley, como hizo Moisés. Con mostrar disgusto, claro y ostensible, que el lenguaje corporal a veces es más contundente que el de palabras. Al parecer ven lo contrario y cada cual compite en ser más sabroso. Marino Collante, a quien sus ex compatriotas llaman --con su segunda intención-- Marino Boyante, tiene escuela, viene de una larga tradición, y en su caso, más que fervor, acto reflejo…

EL GANCHO QUE NO LLEGÓ A PERCHA.- El ánimo del presidente Danilo Medina es de hermetismo total, no suelta prenda, pero deja la pelota correr. Cuentan los sillones del Salón de los Secretos (que no es oval) que un reformista de renombre quiso sorprenderlo: “Presidente, entre usted y yo ¿la reelección va? Cuente conmigo”.

El mandatario se levantó, caminó hasta el escritorio, y cuando volvió solo dijo: “Esas son cosas de José Ramón (Peralta) y Gustavo (Montalvo)?”. Supónganse entonces lo difícil del camino, pues sucede que Peralta y Montalvo, sus manos derecha e izquierda, cuando tocan el tema es para negar el propósito, la intención, la decisión.

Estrategia parda, táctica de tiempo, y en eso difiere de Joaquín Balaguer, que tampoco declaraba, pero dejaba que el clamor hiciera su trabajo. Al final no se salía del guión, y nunca la película dejó de exhibirse por falta de cartelera. El suspenso en este caso opera en sentido contrario: conviene más ponerse donde el capitán lo vea, y más si en el fragor de la batalla. Si llaman al pan, pan, es porque esperan vino, pues la lealtad y la compensación tienen formas diversas de manifestarse. La misma consigna de Leonel Fernández podría parafrasearse: “En cualquier circunstancia, es con usted que vamos”, sin provocar rubor ni faltar al pudor…

DICE Y DEJA QUE DIGAN.- Con Leonel Fernández sucede lo contrario. Dice lo suyo, y más que decirlo, lo proclama, pero también deja en libertad a los miembros de su círculo más cercano para que –como considera la calle– “jodan la paciencia”. El expresidente comete gazapos (pues nadie es perfecto), pero lo que realmente fastidia a los oficialistas al más alto nivel son los dardos envenenados de los enanos de la selva. Fernández podría llamarlos al orden, pero no lo hace ni siquiera para disimular, como si no advirtiera de que esas afrentas se cargan a su cuenta. Como si no supiera que una afirmación falsa, pero enojosa puede provocar una reacción inadecuada.

En cualquier circunstancia, como se dice ahora, cuando se analicen o escriban las actuales incidencias de la política dominicana o de la lucha interna del PLD, habrá de resaltarse el aparato propagandístico de Fernández. La desventaja en los organismos de dirección, que lo lleva a replegarse o perder en cada ocasión, la suple con informes, firmas, encuestas y actos de masa que dan la impresión de una superioridad política poco fiable. La fiabilidad la ponen en cuestión sus propios parciales, o él mismo, y si no, véase el desconcierto que les provocó el escrito de El Caribe. Ese era y es el real sentimiento de su gente, aunque lo nieguen…

¿SERÍA POSIBLE UN JULIO CÉSAR?.- Un aspirante que tenga a su favor informes o publicaciones extranjeras, o encuestas diversas, o millones de firmas, o que realice actos de masa en las dos demarcaciones más importantes, no debiera usar denuncias faltas como arma arrojadiza. Debiera saber con detalles lo que le preocupa. Esto es, el nivel de compromiso con la reelección. O darla por un hecho y actuar en consecuencia. No tiene sentido acusar al adversario por el solo placer de acusarlo, pues como dice el refrán “lo poco agrada, lo mucho enfada”, y la mayor dificultad que tiene o tendrá el PLD, sea con Leonel Fernández o Danilo Medina, es el radicalismo de los bandos.

La ofensa es lo último que se lleva al escenario, y en la ocasión fue lo primero. Carlos Amarante sugirió que Fernández renunciara a la presidencia del partido, y la moción fue tomada como chiste de mocano, pero ahora reaparece Temístocles Montás y la pone en China: Que Fernández y Medina se excluyan por decisión propia del proceso. Que en lugar de uno o del otro, permitan la competencia de terceros. La situación no es igual, pero es parecida en lo esencial. En Roma no había manera de poner de acuerdo a Craso y a Pompeyo hasta que Julio César consiguió que lo aprobaran como Cónsul, dando lugar al Triunvirato, y asegurándoles a ambos sus cuotas de poder. ¿Existen en el PLD condiciones para el surgimiento de un Julio César?...