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PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Carlos de Anjou por las malas: las vísperas sicilianas

  • Carlos de Anjou por las malas: las vísperas sicilianas
Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.

Luego de la muerte de Nicolás III, de la familia Orsini, el cónclave se volvió un nudo de intrigas. Duró seis meses. El alcalde de Roma simpatizaba con los Anjou, de Nápoles. Quiso asegurarse, que ninguno de sus enemigos Orsini, fuera elegido papa. Apresó a dos de los cardenales Orsini y a su líder, Mateo Orsini, le impidió asistir al cónclave. Bajo presión del rey de Nápoles, de la familia francesa de Anjou, eligieron a Simón de Brie, francés, que fue el papa Martín IV (1281 - 1285).

Cuando los romanos lo eligieron senador de por vida, le transfirió el título a Carlos, rey angevino de Nápoles, concediéndole también la facultad de elegir los funcionarios que administraban los estados pontificios.

Este papa francés se prestó a los ambiciosos proyectos de Carlos de Nápoles, de capturar Constantinopla y devolverla a la fuerza a la obediencia romana. Primero organizó una alianza entre Nápoles y Venecia. Luego excomulgó de nuevo al Emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo, ¡Que había cumplido todo lo que le habían exigido los papas anteriores! Así quedó anulada en 1283 la frágil unidad alcanzada con los griegos en el II Concilio de Lyon del 1274. El papa le dio el carácter de Cruzada a la discutible empresa de reconquistar Constantinopla, pero esa aventura fracasó con la sublevación contra los franceses, conocida como las Vísperas Sicilianas. Era el 30 de 1282.

Los sicilianos odiaban a los franceses angevinos. Les habían quitado propiedades, administraban los cargos principales, les esquilmaban con impuestos y habían trasladado la capital del reino de Palermo, en la isla, a Nápoles en la Península italiana.

Se sabe que los bizantinos financiaron la sublevación. Pedro III de Aragón estaba al tanto. La señal de sublevación fue el toque de vísperas por las campanas el 30 de marzo, 1282. Al grito de: “Mueran los franceses”, pasaron a cuchillo a 2,000 de ellos, sin respetar ni a mujeres ni a niños. Hasta los buscaron en los conventos. Los sicilianos le ofrecieron la corona al papa Martín IV, ¡pero éste era francés! Pedro III de Aragón, llamado el Grande,  aceptó la corona. Martín IV lo excomulgó y depuso, ofreciéndole ayuda a Carlos de Anjou para recuperar Sicilia.  Martín IV admiraba a dominicos y franciscanos. Mediante la bula Ad Fructus Uberes, del 13 de diciembre de 1281, les concedió a los frailes de ambas órdenes, facultades de confesar y predicar en cualquier parroquia, sin contar con la aprobación de los párrocos, una intromisión que irrespetaba el trabajo callado y cotidiano de los diocesanos. El papa y el rey Carlos, fallecieron en 1285, con unos días de diferencia.

A su sucesor, Honorio IV (1285 - 1288), lo eligieron al vapor en cuatro días, Giacomo Savelli era querido por todos. Pudo asumir el papado en Roma, cosa vedada a su antecesor. Apoyó con dinero y legitimidad la cruzada de  Felipe III de Francia contra Pedro III de Aragón por recuperar Sicilia. La cruzada acabó en desastre. Muertos ambos reyes, la pelea tuvo otro “round”, ahora Alfonso III, reinando en Aragón y su hijo Jaime, en Sicilia. El papa siguió apoyando a los franceses. Se indignó cuando el francés Carlos II de Salerno renunció a su título para que Jaime  lo librara de la cárcel. El papa se fue resignando a ver a los franceses reinar solamente en Nápoles. Sicilia se había perdido.

Honorio IV siguió apoyando a los franciscanos y dominicos nombrándolos en diferentes episcopados y encargándoles casi exclusivamente de la Inquisición. Ya no se hablaba de Cruzadas, el dinero se había gastado intentando recuperar Sicilia.

Italia era un “ring” de boxeo: en una esquina los angevinos y sus aliados franceses; en la otra, los aragoneses; y en las otras dos, los Colonna y los Orsinis. La pelea era sin “referee” y desprestigiaba a todo contrincante.     

El autor es Profesor Asociado de la PUCMM

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