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Puntos de vista jueves, 22 de noviembre de 2018

ORLANDO DICE

La repartición

  • La repartición
Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do

UNO: OPORTUNIDAD DE CONSENSO.- Ante la importancia de la Constitución de la República y consiguientemente el Tribunal que conoce de sus asuntos, la actual escogencia de cuatro nuevos miembros es una oportunidad para el necesario consenso y no para insistir en el abandono de responsabilidades. El PRM hizo su declaración de principio por boca de su presidente y representante José Paliza, quien --como la ocasión anterior-- reniega de la posibilidad de repartición. La repartición como palabra y modalidad suena fea, pero la política obliga, y más en estos tiempos en que el pragmatismo se impone. Se denuncia que el PLD o sus líderes dominan las altas cortes, y el hecho responde a una situación de poder, pero también a la falta de capacidad política de la principal fuerza de oposición. A su conocida retórica de gritar y no mamar, cuando una acción debiera implicar la otra. Que salgan los de Leonel Fernández y entren los de Danilo Medina no tiene gracia ni aprovecha a la democracia, que busca alternancia y reclama pluralidad. El órgano es político, y debe manejarse políticamente, y considerándose esos términos, los perfiles que se pretenden no llenan el cometido…

DOS: EXPERIENCIA A MANO.- Habría que pensar o evaluar en qué daño al PRD primero y al PRM después que Eddy Olivares fuera juez titular de la anterior Junta Central Electoral. Fue como representante de oposición e hizo de la disidencia una militancia. Se dirá que no, pero fue más conveniente políticamente la discrepancia adentro que afuera. Tal vez no significó gabela, pero sí valladar ante posibles o potenciales desbordamientos. Fueron dos ojos y dos oídos que vieron y oyeron más de la cuenta, y si bien la circunstancia no fue favorable, el signo contrario evitó la unanimidad. El orden fue primero 4 a 1, y después, y por causa y motivo diferentes, 3 a 2, salvando --en cierto modo– la democracia. Terminado el período, Olivares volvió a su partido y a su tendencia, y hoy es un dirigente del PRM con mayor conocimiento de la materia electoral. Incluso con vínculos personales e institucionales en la Junta Central Electoral, un activo que el partido no podría desdeñar. Que se sepa, Olivares no perdió un pedazo con su participación, la Junta no fue afectada en su competencia ni en su credibilidad, y el propio PRM no puede atribuir su fracaso electoral a que uno de los suyos perteneciera al organismo. Con el esquema en pie, no tuvo sentido quedarse fuera de lo que más que reparto, fue consenso…

TRES: EXPERIENCIA A PIE.- Igual puede decirse de Roberto Rosario, que fungió de presidente. No podía pensarse ni esperarse que un Senado con mayoría del PLD nombrara al frente de la Junta Central Electoral a un dirigente del Partido Liberal Radical de Suiza. Como se decía antes: “No somos suizos”. Designaron a uno de los suyos. Aunque no se faltaría a la verdad si se dice que Rosario fue equilibrado en sus actuaciones, y durante el período no hubo quejas en su contra de parte de los partidos de oposición. Con todos se llevó más o menos, e incluso más con los oponentes que con el propio. Hubo más diferencias entre los titulares de la Junta que con las organizaciones políticas. No obstante, hay que recordar o reconocer que las relaciones se dañaron al final, cuando no pudo complacer o la oposición derrotada quiso explicar su mal comportamiento electoral. Los Aparatos de Roberto fueron la mejor excusa, y los políticos que hasta le visitaban en la casa fueron impiadosos, inmisericorde. Conoció en carne propia lo que canta sobre los amigos el Chaval en una bachata. Es decir que la parcialidad que se suponía no fue un elemento clave o decisivo para un candidato, lo mismo que el partido, que superó el 50%.

CUATRO: LA DOCTRINA PEÑA GÓMEZ.- El PRM debiera elaborar mejor su posición, pues resulta precaria, mucho más que disiente de la doctrina de quien se supone el principal de sus manes: José Francisco Peña Gómez. Fue el fenecido líder del PRD, y por extensión del PRM, que extrapoló de Venezuela esa especie de cogestión del entonces tribunal electoral. Que cada partido tuviera un representante y que las decisiones fueran colegiadas o con disidencia fundamentada. Peña Gómez no renegó de su obra, aun cuando nunca fuera electoralmente beneficiario. Y todo funcionó, pues desde entonces se supo que las irregularidades o fraudes se cometían por otras vías, y que no era el partero el culpable del muchacho malformado, sino sus auxiliares, el personal de segundo rango. Ahora viene el examen de los precalificados, y en el listado resalta lo variopinto. Gente de litorales diversos. Finjus, por ejemplo, no se aguantó el gozo y declaró que de 14 candidatos propuestos, seleccionaron 13. El PRM tiene posición tomada, como la tuvo al aprobar primarias cerradas y no abiertas, y la escogencia final dirá si los nuevos responderán al oficialismo, o a Finjus, o cualquier otra entidad de la sociedad civil, y en ningún caso al partido Moderno. El poder, y eso es lo que no se entiende a veces, se construye chin a chin, o como decía Joaquín Balaguer del buche de la gallina, que se llenaba grano a grano…