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Puntos de vista viernes, 16 de noviembre de 2018

UMBRAL

Danilo, valoración y reelección

  • Danilo, valoración y reelección
Manolo Pichardo

Firmas encuestadoras que han medido por estos días el escenario político de cara a los próximos comicios, dan cuenta de lo que se ha convertido en una constante respecto a la valoración de la población sobre la gestión del presidente Danilo Medina y lo que piensan sobre una eventual reforma constitucional que le permita una segunda repostulación que le mantendría, de manera ininterrumpida, como jefe de la administración pública por tres períodos seguidos.

La constante, en coincidencia casi exacta de resultados, revela que entre el 48 y el 50 por ciento de los potenciales electores valoran positivamente la gestión del mandatario. Aunque estos números distan mucho del apoyo expresado por la población hace un par de años cuando las cifras se elevaban al 80 ó el 85 por ciento, no deja de ser relevante que, a mitad de un segundo mandato, siga alcanzando estos significativos niveles de aprobación.

El 30 por ciento o más cambió de parecer, y esto probablemente tenga que ver con una reactivación de la oposición que para aquellos momentos de astronómicas valoraciones para el jefe de Estado y su gestión, andaba perdida buscando el camino que le permitiera articular un discurso o una estrategia cónsona con las expectativas de un pueblo que respondía de forma psicodélica a los encantos narcóticos de la publicidad que tapaba los yerros, para mí menores, y amplificaba los aciertos, para mí mayores, hasta elevarlos a rangos místicos.

Los hallazgos de las firmas encuestadoras se encontraron además con el rechazo a la reelección. Entre un 70 a un 75 por ciento la desaprueba. Pienso que aquí el factor oposición juega un papel importante también, pero a éste se suma, el malestar que provoca tocar la Constitución para ajustarla a un interés particular por segunda vez en un lapso de tiempo muy corto, lo que es interpretado como una tomadura de pelo, sobre todo a ocho años de haberse producido una reforma constitucional integral que adecuó las reglas de juego de  una sociedad que, en su dinámica natural de cambios, exigía ajustes al contrato social para evitar la acentuación de un desfase entre la interacción de las fuerzas que definen el rumbo del país y las reglas de juego pactadas como ley.

Lo que han encontrado las firmas encuestadoras es un escenario distinto al que motivó la pasada revisión constitucional. Las piezas se han movido en el tablero y eso lo sabe más que nadie quien sería beneficiado de un segundo retoque a la ley sustantiva. Por estar consciente de esta realidad debe tener claro que una acción encaminada a producir un hecho de esta naturaleza con un teatro en que los actores se salieron, como en la novela, del control de quien les dio vida, podría conducir a un final inesperado, e incluso indeseado por el libretista.

Él sabe que ha hecho una buena gestión, y la ha hecho porque decidió abrirse paso entre la maleza del más abyecto, cruel e insensible cuerpo de oportunistas que, como tales, no asumen compromisos con la sociedad, sino con sus arcas privadas, sin importarles que con ello ensombrezcan el legado de un hombre que, por alejarse de la organización que le llevó al poder, ha tenido que desgastarse al multiplicar los esfuerzos para mostrar resultados que merezcan el reconocimiento de las futuras generaciones; el reconocimiento de la historia.


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