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Puntos de vista viernes, 19 de octubre de 2018

VIVENCIAS

Cura a modo de requisitoria

  • Cura a modo de requisitoria
Juan Francisco Puello Herrera

Este es el título de una canción de Alberto Cortez que escuché hace ya muchos años que contiene una letra que retrata una realidad que vivimos en la actualidad con algunos pastores y sacerdotes acusados de conductas sexuales impropias.

Antes de referir la letra de esta canción y su correspondiente requisitoria vale decir interpelación, es oportuno recordar lo  que escuché a mi padre contar desde que era un niño, cuando este se desempeñaba como maestro en la zona fronteriza nuestra, que en las procesiones religiosas que se realizaban quien las encabezaba  era uno de los hijos del sacerdote que había tenido con alguien de la comarca, advirtiendo que si bien era una conducta impropia, era al sacerdote a quien  le correspondería rendir cuenta de su comportamiento, y terminaba la historia señalando que nunca un  escándalo proviniera de donde proviniera, sirviera de excusa para apartarnos de la fe y de la Iglesia.

Regresando a la referida canción a la que he cambiado en esta estrofa dos palabras dice así: “ Cura que en la vecindad vive con desenvoltura ¿para qué le llaman Cura si es la misma enfermedad? Cura que a su barrio entero trata de escandalizarlo ya no es Cura sino gallo de todo aquel gallinero que enfermó con su “señuelo” a los que más toque “engañe” ya no es Cura sino peste de tan mala cualidad.

En otras estrofas de la canción Cortez hace la siguiente requisitoria: “El Cura que seglar fue y tan seglar se quedó y aunque ordenes recibió hoy tan sin orden se ve pues de sus vecinas sé, que perdió la continencia no le llaman Reverencia que se hace paternidad. Si una u otra comadre de cuantas vecinas vemos de hoy más su nombre mudemos de Cura en el de compadre y si le llamare padre algún rapaz tiernamente la voz de aquel inocente misterio encierra y verdad”.

Por otra parte, la sensibilidad y la razón me llevan a intuir que todos estos escándalos de religiosos consagrados que se han hecho de conocimiento público en modo alguno pueden servir para considerar que es un comportamiento usual en nuestra Iglesia. Por el contrario, en mi experiencia con sacerdotes estos han dado muestras de su profunda fe, espiritualidad y entrega a su ministerio, basta evocar a Julio Roque de Escobar, José Saco, Mateo Andrés, Adolfo Casado, José Olmo, entre muchos otros.

Como cristiano católico practicante he comprendido siguiendo lo expuesto por Romano Guardini que la “Iglesia es mucho más que su jerarquía, una escuela teológica o una praxis tradicional”, y que hay que tener una “relación inmediata con la Iglesia en la plenitud de su esencia”; de esta manera, puedo decir que “siempre me he sentido Iglesia, incluso cuando, para servirla he tenido que caminar solo”.


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