EN PLURAL
Lo ineludible de la ideología
Los jóvenes me leen, y eso me gusta. Muchos me tuitean, diciendo “me gusta”, otros me contradicen.
Los que me leen En Plural son heterogéneos en cuanto a edad, hay contemporáneos a quienes no les gusta lo que escribo y lo dicen. Otros, menores que yo por muchas décadas, me entienden, comparten lo que digo, y lo expresan. Los jóvenes, lectores de mis tuits, me hacen preguntas.
Una de esas preguntas me llegó el sábado pasado, a las 9:00 am. Era sobria, breve: “¿Qué es la ideología, profesora Yvelisse?” Le contesto con un nuevo En Plural.
No es la primera vez que defino el concepto. Tomo prestadas concepciones de tratadistas reconocidos, Friedrich, Easton, Norberto Bobbio.
Según Rodrigo Borja “las ideologías no son sagradas escrituras dadas para siempre”.
Para decirlo en cristiano, la ideología es una TOMA DE POSICIONES ante el mundo, la sociedad, la gente. Incluye por supuesto una visión teleológica y axiológica, vale decir, de fines y valores que se fundamentan en la ética y que rigen, o deben de regir, el comportamiento de una organización, usualmente política, que la asume.
Cada uno de los autores a los que me refiero subraya entre los elementos que componen el “corpus” de la ideología.
Norberto Bobbio: destaca ideas y valores, como guías del comportamiento político.
Friedrich señala que, las ideologías comprenden una estrategia y un programa de acción dirigidos a sostener o cambiar el “status quo”.
Easton subraya que las ideologías establecen objetivos, organización y límites de las organizaciones que las asumen, y permiten interpretar el pasado, explicar el presente y tener una visión del porvenir.
Después de entenderlos a ellos y de compararlos con otros pensadores, se hace más fácil integrar elementos varios para disponer de una definición de ideología que nos compromete con la organización política en la que militamos y no con uno que otro “jefecito”.
¿Gradaciones? Hay y habrá muchas, desde la rigidez de las definiciones fuertes, dogmáticas, rechazadas hoy por los demócratas del mundo, hasta la negación que quisieran hacer de ella Fukuyama y Hayek y que infortunadamente asumió el neoliberalismo, rechazando la existencia de las ideologías. ¡Como si los seres humanos que somos esencia, entes sociales y políticos, pudiéramos existir y actuar sin una brújula que señale el norte y el sur; a la izquierda y a la derecha! Aun antes de estudiar política y de empezar a enseñarla en la década de 1970, intuí, me pareció absolutamente lógico que TODOS tomemos posiciones ante los sucesos, y los hechos y sobre las situaciones y actores del drama que es nuestra vida.
Solo una grave enfermedad mental o una senectud avanzada, hace posible que el bípedo erecto y pensante que es el ser humano, ande sin rumbo haciendo disparate, eligiendo pareja, viajando sin carta de ruta, militado en partidos cuya doctrina desconoce.
Puede que no le ponga nombre a la ideología que mueve sus decisiones, pero eso no es óbice para que todo lo que se hace esté orientado por una determinada toma de posiciones.
A algunos de mis alumnos que en principio rebaten mi hipótesis y afirman tozudamente que ellos “no tienen ideología” los someto a unas preguntas:
“¿Crees en el cambio, quieres cambio?”, es una, la otra “¿Piensas que las desigualdades son naturales, fenómenos fatales que no pueden superarse?”
Estos dos conceptos, cambio y desigualdad marcan la polarización en el arcoíris de opciones de la taxonomía ideológica: las que niegan el cambio, se siente cómodo en el “Status Quo” se colocan a la derecha, igual quienes creen que la desigualdad es normal para la humanidad, e irreversible.
Los que creemos que el cambio es la única variable invariable en la historia, y que las inequidades son fenómenos culturales a vencerse, no naturales, somos de izquierda.
Y los que se colocan al margen, diciendo que no les interesa; quienes rebaten diciéndome que valores y fines son conceptos idealista, ¡ah! esos son peores, son indiferentes a quienes Jesús condena.
Repito: las ideologías existen, son pertinentes, están vigentes en un mundo que se debate entre crueldades. Más necesaria que nunca, una ideología que recupera la ética.
Este En Plural de hoy reitera lo que escribo y enseño desde hace años. Pero hay muchas fuentes claras y didácticas que pueden explicarlo mejor, persuadir e impulsar a que entienda cada cual la ideología que orienta su accionar, ciudadano y político.
Remito a mi lector preguntón a esa fuente: “izquierda y derecha” de Norberto Bobbio, búsquenla, los que no le conocen, descárguenla en su computadora. Y léanlo.
Me lo agradecerán, y yo a ellos.

