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Puntos de vista sábado, 09 de enero de 2016
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FE Y ACONTECER

“Este es mi Hijo muy amado, el Predilecto”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez

a) Fiesta del Bautismo del Señor, Isaías 42, 1-4. 6-7.

Esta fiesta cierra el ciclo de la Navidad. Recordemos que esta fiesta fue precedida por la Epifanía, en que el Niño Jesús se reveló a los Magos de Oriente y en ellos a todas las naciones, como “rey de los judíos” y Mesías Salvador.

Ahora, al comenzar su vida apostólica, en su Bautismo por Juan a orillas del Jordán es proclamado ante el pueblo judío como el Hijo de Dios en carne mortal.

En el capítulo 3, versos 21 y 22 de su Evangelio, San Lucas narra el episodio del Bautismo con estas palabras: “Todo el pueblo se bautizaba y también Jesús se bautizó; y mientras oraba, se abrió el cielo, bajó sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma y se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto”.

Como dice el P. Cantalamessa, estamos delante de la primera manifestación pública del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento. Ya no es para nosotros “el gran desconocido. En efecto, ¿qué es la vida cristiana sin el Espíritu Santo?, es una flor sin perfume, un cuerpo sin vida”.

En el Credo decimos: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida”. En estas palabras está resumido lo esencial de nuestra fe en la tercera persona de la Santísima Trinidad.

El mismo Jesús lo afirma categóricamente en su diálogo con Nicodemo: “En verdad, en verdad les digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu” (Juan 3, 4-6).

Por lo tanto, la primera condición para alcanzar el Espíritu Santo es renacer del Espíritu, esto es el bautismo.

El bautismo es la puerta de ingreso en la salvación. Jesús mismo dice en el Evangelio: “El que crea y sea bautizado, se salvará, el que no crea se condenará” (Marcos 16, 16).

b) El bautismo de Juan.

La práctica del bautismo por inmersión en el agua no fue un invento de Juan el Bautista. Junto con la circuncisión, rito básico de la incorporación de los varones al pueblo de la Alianza, el bautismo de agua era practicado por los judíos piadosos de entonces, como el principal entre sus múltiples ritos de purificación.

La originalidad del bautismo de Juan fue su intención penitencial y el ser anuncio y anticipo del bautismo cristiano por agua y Espíritu Santo.

Debe decirse, además, que algún tipo de rito bautismal ha sido común en casi todas las religiones de la historia.

En la narración del bautismo de Jesús por los Sinópticos, especialmente en Mateo, no está ausente cierta intención apologética, como respuesta de la fe pascual a una dificultad obvia.

El bautismo de Juan era más ético que cultual y más rito de conversión y confesión de los pecados que de purificación legal. Por eso, resultaba menos apropiado para Jesús el Señor, que no era pecador como los demás. “Igual en todo a nosotros, excepto en el pecado” (Heb. 4, 15).

Sabemos que en tiempos de Juan el Bautista Palestina estaba ocupada por los romanos y la gente esperaba la liberación. “¡Llegará!”, asegura el Bautista, está cerca y esta vez será verdadera, pero tienen que prepararse para la venida del reino de Dios con la purificación, se tienen que bautizar.

Ambos profetas, Isaías y el Bautista, tienen una función parecida: consolar en la desgracia. Ellos nos muestran cómo vencer la desgracia: haciéndola fructificar, como un medio para purificarnos.

c) Del Evangelio según San Lucas 3, 15-16.21-22.

En este evangelio, dice el P. Caballero, hay un detalle que es exclusivo de San Lucas, que lo repite al narrar la Transfiguración del Señor. Mientras oraba Jesús, se abrió el cielo (V. 22). La teofonía trinitaria (manifestación de las tres Personas divinas) que tiene lugar en la escena del Bautismo de Jesús, relega a un segundo lugar la condición purificatoria del pecado que tenía el bautismo penitencial impartido por Juan y que Jesús recibió de sus manos “en un bautismo general”, como uno más en la fila de los pecadores.

Dice el P. Schˆkel, al hablar del Bautismo de Jesús, que Lucas omite el diálogo entre Juan y Jesús en el momento del Bautismo, que sí nos transmite Mateo 3, 13-15, no enfatiza demasiado el hecho en sí del bautismo que por lo visto era masivo; para Lucas, Jesús está limpio de toda mancha, pero a pesar de ello se bautiza, no tanto para limpiar, sino para prepararse a lo que viene. Lo importante para Jesús es la teofanía, la manifestación de Dios que parece estar más bien motivada por la oración de Jesús inmediatamente después de bautizarse. Las palabras del Padre que transmite por medio del Espíritu confirman a Jesús como el predilecto y explícitamente queda investido como el enviado, el que había de venir.

La predilección del Padre no es para Lucas un mero gesto de simpatía si se puede hablar así, se trata de la aprobación que recibe Jesús como el que estará completamente identificado con la voluntad del Padre. Dios se reveló desde siempre como un ser que apuesta a la justicia, a la fraternidad, a la solidaridad, a la vida y por ahí se definirá también la voluntad y el proyecto de vida de Jesús.

(Cfr. P. Luis Alonso Schˆkel,
La Biblia de nuestro Pueblo.
Nota  comentario al Cap. 3, versos 21 y siguientes de San Lucas).

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