ORLANDO DICE...

La firmeza de Danilo en cumbre de la CELAC

CON EL RABO.- En el capítulo 30 de la primera parte Don Quijote le dice a Sancho: “...mira..., lo que hablas; porque tantas veces va el cantarillo a la fuente..., y no te digo más”. El refrán en ese entonces era que “cantarillo que muchas veces va a la fuente o deja el asa o la frente”, y con el tiempo terminó en “tanto va el cántaro a la fuente que se rompe”. El premier de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, no lo sabía, pero parece que el presidente Danilo Medina sí, y en el escenario de la CELAC le cantó su Panamá, ante la insolencia de pedir cuenta al gobierno dominicano por el solo delito de acatar los fallos de los tribunales de la República. Aquí hubiera gustado que el mandatario le hubiera dicho hasta del mal que iba a morir, por fresco, pero el jefe del Estado no es hombre de arranque ni de exabrupto, y dijo que lo que tenía que decir con firmeza, pero con decencia. Gonsalves de seguro que no volverá a atreverse, pues el presidente Medina fue tan contundente que no le quedó más que meterse el rabo entre las piernas, como el perro ladrador y pendejo. La República, en todo caso, fue bien servida... EL RECOQUEO.- Resultó interesante ver de nuevo el juego de ambos a dos encubiertos de Haití y Caricom con que creen engañar, ya no solo a los dominicanos, sino al resto del mundo. Es misterio, es secreto, que algún día será develado y conocido: el porqué las pequeñas islas del Caribe dan la cara por los haitianos cuando sus autoridades no quieren verlos ni en pintura. La sociedad es rara, pero uno que otro beneficio debe producir, o para Haití o para el conjunto de los países que integran Caricom. Por ejemplo, el presidente Danilo Medina al hablar, y defenderse de la acusación de Ralph Gonsalves, hizo distinción entre lo dicho por el premier de San Vicente y las Granadinas y el presidente de Haití, Michell Martelly. Si saludó la intervención de Martelly, y la contrastó con la de Gonsalves, fue porque el primero no ofendió y se manejó en el marco de lo establecido, que son las conversaciones que se llevan a cabo. Caricom, en cambio, a pesar de ser un testigo con voz y derecho a sugerencias, no respeta, y agravia... EL LÍMITE.- La decencia del gobierno dominicano no debiera ser ilimitada y procede protestar la inclusión del Caricom en el grupo de los testigos o mediadores, pues su beligerancia resulta excesiva. La reacción del presidente Danilo Medina fue oportuna y alentadora, pues el dominicano tenía la impresión de que era un preso amarrado al que se golpeaba sin misericordia y no se atrevía a proferir un solo grito. Ahora se sabe que los inquilinos del Palacio Nacional tienen sangre en las venas y que les duele la infamia que se riega por el mundo y que coloca a República Dominicana como la nación más perversa. ¿De qué se quejaba el dominicano? De falta de presencia y de voz en los foros internacionales, donde se decían horrores sin que nadie respondiera. ¿De qué más? De que los encargados del problema no entendieran que se jugaba el destino de la nación y que debían compartir con la opinión pública sus posiciones o posibles medidas. Las culpas eran todas de Gustavo Montalvo, pero ahora que el presidente Medina habló, de nadie... LA GLORIA.- El miércoles y más todavía el jueves fue día de gloria en República Dominicana, y fue exultante ver la reacción de la población en general, y sus diversos sectores en particular, al comprobar, como Francisco del Rosario Sánchez en un momento crucial de la historia, que “todavía hay patria”. Igualmente ver como se rasgaban las vestiduras y declamaban en escenarios vacíos los actores de la perversidad, que ya roncaban creyendo que tenía al presidente Danilo Medina de su lado, como si no fuera consciente de su responsabilidad de cuidar el destino de la nación. Solo les queda advertir, tan bajo como si fuera un gorjeo, que el país será condenado. ¿Dónde? La verdad que República Dominicana ya pasó la prueba de la CELAC, del mismo modo que salió indemne del Consejo Permanente de la OEA. ¿Dónde es que van a condenar? Lo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos fue un guión mal aprendido y la Corte como tribunal, cuando llegue, será teatro. Incluso, más simulacro que el cantado por la Lupe...

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