PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Algunos hallazgos de Copérnico y Galileo

Avatar del Listín Diario
Manuel P. Maza Miquel S.J.Santo Domingo

Nicolás Copérnico (Ü 1543) pudo mostrar que no existe un solo centro para todas las esferas celestes. Más importante aún, el centro de la tierra no es el centro del universo como pensaban los antiguos, sino solamente el de la gravedad y el de la esfera lunar. Copérnico podía mostrar que todas las esferas giran alrededor del sol, y por tanto el sol era el centro de aquel universo entonces conocido a simple vista. Si se pudiese medir la distancia de la tierra al sol, quedaría como insignificante al lado de distancia que va de la tierra al firmamento, es decir, la distancia entre la tierra y eso que llamamos el cielo. Copérnico sostenía que cualquier movimiento que aparece en el firmamento deriva no de un movimiento del firmamento sino de un movimiento de la tierra. La tierra juntamente con sus elementos circundantes realiza una rotación completa y diaria sobre sus polos fijos, mientras que el firmamento y el más alto cielo, pensaba Copérnico, permanecen inalterables. Los diversos movimientos de la tierra explican muchas de las irregularidades que se observan en los cielos. Siguiendo a Giovanni Reale y Darío Antiseri (Historia del pensamiento filosófico y científico II), hoy sabemos que Copérnico se quedó corto al plantear un universo cerrado, sin duda mayor que el de Ptolomeo (Ü 168). Para Copérnico el movimiento perfecto y natural era el circular; los planetas no rotaban siguiendo una órbita, sino ¡una esfera material y cristalina! Pero los cálculos de Copérnico le permitieron romper con una tradición más que milenaria. De Copérnico en adelante, la nueva astronomía estuvo centrada alrededor del sol. Por su parte, Galileo Galilei (1564 ñ 1642) enumeró en su Sidereus Nuntius, obra de 1610, algunos de sus mayores hallazgos realizados mediante el telescopio: había descubierto innumerables estrellas fijas, pudo analizar la superficie de la luna, la cual contempló como si distara simplemente dos radios terrestres. Galileo llegó a la conclusión de que “la luna no está recubierta de una superficie lisa y liviana, sino escabrosa y desigual, y, como la faz de la Tierra, llena de grandes protuberancias, profundas cavidades y plegamientos.” (Miguel Artola, Textos Fundamentales para la Historia). En aquel momento, Galileo tenía un conocimiento exclusivo de la Vida Láctea, descubrió los satélites de Júpiter, y la verdadera naturaleza de las nebulosas. Durante la Edad Media, todo el asunto de la observación mediante lentes gozaba de mala reputación, hasta el punto que algunos intelectuales como Césare Cremonini ¡se negaron a mirar a través del telescopio de Galileo! En cambio, Galileo estaba convencido de que los linces y las águilas contemplaban estrellas ocultas para nuestros ojos. Los descubrimientos de Galileo dañaban la práctica de los astrólogos. Galileo se hizo eco de su lamento: “Escribiré también un durísimo reproche que me manifiestan todos los astrólogos, y gran parte de los médicos; los cuales, al añadirse tantos planetas nuevos a los que ya antes se conocían, creen que por fuerza la astrología quedará destruida y gran parte de la medicina también caerá, puesto que quedarían eliminadas desde la raíz la distribución de los signos del Zodíaco, sus dignidades esenciales, la cualidad de la naturaleza de las estrellas fijas, el orden de las crónicas, el gobierno de las épocas humanas, los meses de la formación del embrión, las razones de los días críticos, y Ésa era la queja de los astrólogos, ¿cómo evaluaría la jerarquía católica las afirmaciones de Galileo contrarias a la letra de algunos pasajes de las Sagradas Escrituras? El autor es profesor asociado de la PUCMMmmaza@pucmmsti.edu.do

Tags relacionados