ORLANDO DICE

El político criollo vuelve sobre la Ley de Partidos

ADVERTENCIA.- Llevo rato diciendo, sin cansarme todavía, que el país necesita una ley de partidos, pero igual que no debe ser la que se le ocurra al primero de los interesados. Los muchos años y los diversos proyectos obligan a discernimiento, a un ejercicio racional y profundo de avenencias, pues de lo contrario el remedio podría ser peor que la enfermedad. La advertencia, más que válida, resulta oportuna, ahora que el tema se pone sobre el tapete y se hace en medio de controversia y descalificación de partidos y proponente. El caso es interesante, y lo mismo ilustrativo del temperamento de los políticos dominicanos, ya que nadie hace la historia completa ni quiere cargar con un fardo, que al final de cuentas, repartidos entre tantos hombros, no puede ser tan pesado. Nadie recuerda, por ejemplo, que cuando se acordó el financiamiento de los partidos, se habló de la ley de partidos, y el PRD se olvidó del compromiso. Tampoco que Miguel Vargas quiso incluirla en el Pacto de las Corbatas, que por lo menos fue apalabrada con Leonel Fernández, pero entonces fue el PLD que se hizo el chivo loco... SIN EMBARGO.- Cuando los senadores y los diputados consideraron que el voto preferencial era una manera de mantener sus posiciones en las elecciones venideras, pusieron sus voluntades políticas al servicio de sus causas, aun en contra de sus líderes Leonel Fernández y Miguel Vargas, que ñse dijoñ no lo querían. Las oportunidades en ninguna de las circunstancias fueron calvas, pero sí fueron abortadas, sin que se dieran explicaciones pertinentes. Se sabe que los legisladores no son libres, y los gestos de rebeldía son muy ocasionales, pero queda claro que si las piezas fueran de sus gustos, habrían sido más diligentes y decididos y ese estatuto fuera cosa del pasado. De manera que nadie puede rasgarse las vestiduras, ni escupir para arriba, y mucho menos salvarse en la confusión. Los políticos dominicanos se complacen reinando en el caos, ya que la experiencia les dice que la maña, en la que son especialistas, es mejor que la ley. Si se la pusieran más fácil, podría irse avanzando... POR EJEMPLO.- En vez de asumir el proyecto o los proyectos como un todo, discernir y discriminar entre artículos, e ir aprobando por parte. Como hicieron con el financiamiento o con el voto preferencial, que eran y serán elementos del conjunto. Los políticos dominicanos, ante ciertas situaciones, prefieren vía crucis y no camino franco. Les gustan las paradas, las caídas, y de ser posible el Cirineo. Podrían alegarse los mil y un contratiempos, pero la experiencia sería en el caso la madre de todas las virtudes. El dominicano no pudo hacer la revolución, gracias a Dios, y las reformas no fueron descartadas del todo porque al aplicarse a cuentagotas, no se hacen imposibles. Además, siempre queda el recurso de echarlas hacia atrás, aun cuando puedan tener rango constitucional, como sucedió en el 2002 y 2010 con las consignaciones de 1994. No se sabe cuándo el político dominicano se contagió, pero el olvido fue y sigue siendo la mejor de las enfermedades... LA RUEDA.- E l político dominicano inventó la rueda, y por eso a todo le da la vuelta, del mismo modo que descubrió el helado en palito y la boca es el mayor de sus goces. Ahora vuelve sobre la Ley de Partidos, y habrá que ver cuánto le dura la fiebre, y hasta qué grado le llega, pues como en los viejos tiempos podría curarse con orina esa calentura. ¿Conviene la Ley de Partidos ahora que el PLD acaba de salir con éxito de su prueba del VIII Congreso y el PRD se mantiene en desasosiego, sin ver más allá de sus narices, como si fuera la medida de todas las cosas? Debiera pensarse, pues no se sabe cuál de los ríos se haya más revuelto, si el PLD o el PRD, y se hace fácil distinguir la ganancia de pescadores. Leonel Fernández se resiste a algunos aspectos, y Danilo Medina por igual. Pero que se sepa, hasta ahora no hay dos propuestas peledeístas, como si dos perredeístas, y cada bando perredeísta busca un aliado distinto con los peledeístas. A Hipólito Mejía le gusta Medina, y a Miguel Vargas, Fernández. Y Fernández y Medina se tratan en público con la mayor amenidad...

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