EN PLURAL
Salvemos el todo
Quería hablar esta semana de Duarte para reforzar mi dominicanidad y mi humanismo. Quería recordar al señor Hostos a quien dejé atrás en el ritual homenaje que cada año le rindo el día 11 de enero. Me sentiría satisfecha y serena dirigiéndome En Plural a la Virgen de la Altagracia, mamá María particular de los dominicanos creyentes. Aspiraba, en fin, a indignarme menos, a tomar las cosas con más calma, a cumplir siquiera en lo que queda del primer mes del año los buenos propósitos que hice para el 2014. Pero aquí estoy, rompiendo las páginas empezadas sobre estos temas importantes para hacer una confesión honesta, de prisionera que no acaba de romper sus cadenas de amor. El PRD y sus cuitas llenan mi corazón y mi cabeza, no puedo dejar de ser más que una perredeísta dolorida, también asustada y confusa que se resiste a una posible, inminente división. No participo en la contienda actual desde ninguno de los grupos nucleados alrededor de aspirantes. Mi posición difundida públicamente es que no podemos ni debemos desviarnos en proclamar aspiraciones a cargos, ni internos, ni nacionales, por más méritos que tengan los compañeros que aspiran. Es el PRD, ese todo magnífico que nos legaron hace 75 años nuestros fundadores, el que requiere toda la atención, toda la inteligencia, todos los saberes políticos. El partido que no está integrado solo por los que lo dirigen, minoría comprobada que ni siquiera ellos niegan, ni por los que asumen la doble militancia de perredeístas y de miembros activos de algunos de los grupos. Aunque es cierto que Hipólito, Luis y otros líderes tienen muchos seguidores fieles dentro del partido, hay muchos perredeístas en las bases, abnegados, anónimos, que sufren las derrotas y no se benefician en los triunfos, que por encima de sus simpatías personales ponen el compromiso con el Partido. No hacen activismo con ningún aspirante, porque su preocupación está centrada, y es justo y correcto, en salvar, recuperar a la organización política a la que han aportado años de sacrificios. Yo soy una entre ellos. Para graficar, como maestra que soy, la prioridad del partido sobre otras aspiraciones y componendas grupales, pongo un ejemplo didáctico sencillo: “Si un huevo no está sano, el pollito que se incuba en él no nace completo, carece de fuerza, tiene poca esperanza de vida”. El PRD, ese que fue un partido mayoritario, fuerte, desafiante, principista, es ahora, tironeado entre grupos, con una dirección ilegitima, con un padrón que nadie sabe cómo se conformó y se comprobó, con una absoluta falta de acción opositora, un huevo resquebrajado, agrietado. De un huevo así averiado solo puede salir “un pollito”, entiéndanse, aspirante, raquítico, deforme, que no atraería ningún interés en el “marketing” de una campaña política. Como sostengo que somos muchos los que en el PRD amamos y defendemos más al todo que a las partes, nos corresponde por tanto buscar una incubadora para que ese huevo no se siga dañando y se fortalezca y se abra en el momento adecuado dando paso a un fornido pollito. La incubadora no puede ser otra que la sociedad dominicana democrática, la que entiende que hay que impedir que se consolide una dictadura de partido. El PRD, su mayoría silente, compuesta por sus bases que no han tenido arte ni parte en el golpe de estado de Miguel Vargas, ni en las aspiraciones a destiempo de otros jefes de grupos, tiene que salir al encuentro de esa sociedad, concienciarla, convencerla, convocarla, en un gran frente para rescatar a nuestro partido primero, y ya luego para hacer OPOSICIÓN. Ni dictadura interna, ni dictadura externa. El PRD nació para la libertad y la democracia, hay mucha sangre derramada, mucho amor palpitante acumulado y demasiadas deudas sociales por cumplir. Con la pena y el temor atravesados en la garganta, tengo todavía la fuerza para el reclamo de la valentía, de la urgencia, de la sensatez. Salvemos al PRD, compañeros de la base. Ayúdennos a salvarlo, ciudadanos que aspiran a conservar y a mejorar la democracia que trajo en 1961 al país el PRD.

