Reflexiones sobre el PRD

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EDUARDO SANZ LOVATÓNSanto Domingo

Hace algunos días el reconocido intelectual y pasado ministro de Deportes Luis Scheker Ortiz, escribió un artículo titulado “El PRD se muere solo”. Al respecto me sentí en el deber de compartir estas reflexiones sobre la organización a la que le he dedicado ya muchos años y a la que creo un baluarte de nuestra libertad. Lo primero que debo admitir es que comparto el sentimiento de frustración del Dr. Scheker ya que tiene mucha razón en su parecer de que las divisiones de antaño y las del presente han imposibilitado que el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) sirva como un verdadero catalizador del progreso dominicano. Lo que no puedo aceptar es que el PRD se muere. Creo que muy por el contrario saldrá fortalecido de esta crisis absurda en la que lo ha metido la mano negra de la política dominicana. La crisis del PRD no es ideológica, no es de principios y no es ni siquiera de lucha electoral. La crisis del PRD viene impulsada por un sistema político clientelista que está siendo patrocinado por los herederos de Balaguer disfrazados de discípulos de Bosch, todo con el objetivo de establecer una “democracia inducida”. Esa “democracia controlada” es una amenaza para todo el sistema de nuestras libertades y justo es reconocer que tiene sus adeptos entre algunos dirigentes del PRD. Enfrentando a los abanderados internos y externos de la “democracia controlada” es donde nos jugamos el futuro del PRD y al mismo tiempo el de las esperanzas de una gran parte de la sociedad dominicana. El PRD me vino primero en la sangre ya que mi familia ha militado y participó de todas sus crisis. Desde mi primera conciencia recuerdo al PRD y a sus líderes históricos en muchas actividades familiares. Con el paso de los años, mi conciencia juvenil se alimentó de la realidad de un país mal gobernando y entonces fue cuando me enamoré de las bases del PRD. Caminando los barrios y campos de mi país he conocido personas que simpatizan con el PRD porque allí aprendieron su primer oficio. Porque en él conocieron a Peña o a Jacobo o a Salvador o a don Antonio o a Hipólito. Todavía algunos recuerdan y hablan del viejo don Juan. Simpatizan con el PRD porque a través del partido se enfrentaron a quienes robaban y mataban nuestros mejores ideales; porque en el PRD aprendieron de política, de democracia y en fin de libertad. El pasado del PRD puede ser el génesis de su refundación, pero necesita alimentarse de un presente que se construya con la realidad actual, y es al ver ese presente cuando más optimista me siento. El PRD tiene grandes liderazgos jóvenes. Este partido del que se habla en los medios y que muchos circunscriben a esta crisis, no es el que veo en los cursos de formación política. No es el que veo en las reuniones zonales. No es el que veo en familias como la Osorio en nuestra histórica “zona J” de Cristo Rey. Allí un patriarca del PRD me dijo en uno de mis recorridos: “Nosotros no dejamos que colosos como Balaguer y el mismo Bosch nos mataran el partido, ¿y ustedes hoy dejarán que se lo maten?”. Mi respuesta es que no, y sé que esa respuesta es la misma de legiones de hombres y mujeres como Orlando Jorge, Alfredo Pacheco, Carolina Mejía, Wellington Arnaud, Sigmund Freund, David Collado, Andrés Lugo, Juan Luis Rodríguez, Faride Raful, Janet Camilo, Jorge Amado Méndez, Amín Vásquez, Julio Peña, José Paliza y muchos más. Aquí estamos y no nos vamos. Iremos donde sea necesario a recuperar el partido. Y luego esparciremos, calle por calle con nuestra militancia, la ideología que nos aglomera. Una ideología que ha sido la madre de la sociedad europea y estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial: la social demócrata. Una ideología que Peña enseñó y ayudó a esparcir por América Latina y el resto del mundo; una ideología que deberemos debatir para adaptar a nuestra realidad del siglo XXI. A don Luis le agradezco su tristeza, pues la misma es un valeroso testimonio de lo que a nosotros nos toca defender. ¡A eso vamos todos a una! Los mejores días del PRD están por venir.

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