PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

La Iglesia ante un nuevo mundo

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Manuel P. Maza Miquel S.J.Santo Domingo

El martes 29 de mayo de 1453 (según el antiguo calendario juliano), los musulmanes, al penetrar por una brecha en la muralla de Constantinopla, lograron lo que habían intentado las fuerzas del Islam durante ocho siglos, ¡conquistar Constantinopla, la capital cristiana del Oriente! Los españoles que contemplaron las playas y los cocos de la isla de San Salvador, el 12 de Octubre de 1492, estaban mirando lo que ningún europeo había jamás visto: un nuevo mundo. Los científicos que leyeron en 1543 la obra del clérigo Nicolás Copérnico, Acerca del movimiento de las esferas celestes, comprendieron algo inaudito: que la tierra giraba alrededor del sol y no el sol alrededor de la tierra, como siempre habían sostenido la mayoría de los estudiosos, particularmente desde Ptolomeo (ca.100 ñ ca. 168) en el siglo II. Ahora, catorce siglos más tarde, la ciencia mostraba una nueva comprensión del universo conocido. El Renacimiento redescubrió las investigaciones y los experimentos rudimentarios de los antiguos griegos y romanos. Ahora, en el siglo XVI, cuando todavía se elaboraba la física a base de silogismos, algunos estudiosos empezaron a observar, elaborar hipótesis y experimentar para comprobar su validez. Empezaba a gatear el método científico. Para hacer ciencia hubo que romper los esquemas de los antiguos, particularmente de Aristóteles. El Estagirita distinguía entre mundo que queda debajo de la luna (el sublunar) y el mundo celeste. El mundo sublunar, estaba formado por cuatro esencias: la tierra, el agua, el aire y el fuego. En su centro se encuentra la Tierra. Y luego estaba el mundo más allá de la luna, el mundo celeste, incorruptible, constituido por la quinta esencia. La astronomía de Aristóteles fue destruida por Copérnico en 1453 al afirmar la hipótesis heliocéntrica, la que reconocía al sol y no a la tierra, como el centro de nuestro sistema planetario. El clérigo Copérnico tenía tanta reserva para publicar sus conclusiones, que solo en su lecho de muerte vio un ejemplar de su obra, publicada por alguno de sus más osados discípulos. Como las conclusiones de Copérnico contradecían claramente algunas afirmaciones de la Sagradas Escrituras, sin la autorización de Copérnico “... el teólogo luterano Andrés Osiander se [apresuró] a redactarle un Prólogo en el que [afirmaba] que la teoría copernicana, contraria a la cosmología [estudio del universo] que aparece en la Biblia, no [debía] considerarse como una descripción verdadera del mundo, sino más bien como un instrumento para efectuar previsiones. “Tal será la idea que sostendrá también el cardenal Bellarmino con respecto a la defensa del copernicanismo que realizara Galileo. Lutero, Melanchthon y Calvino se opondrán de forma tajante a la concepción copernicana. La iglesia Católica procesará en dos ocasiones a Galileo, quien se verá obligado a una abjuración. Entre otros factores, nos encontramos ante un enfrentamiento entre dos mundos, entre dos modos de contemplar la realidad, entre dos maneras de concebir la ciencia y la verdad. Para Copérnico, al igual que Kepler (1571ñ1630) y Galileo (1564-1642), la nueva teoría astronómica no es una simple suposición matemática, no es un mero instrumento de cálculo, útil en todo caso para perfeccionar el calendario, sino una descripción verdadera de la realidad, que se logra a través de un método que no mendiga garantías en el exterior de sí mismo”. El saber de Aristóteles era radicalmente cuestionado, y “... las Escrituras no tienen como función informarnos sobre el mundo, sino que se trata de una palabra de salvación cuyo objetivo es brindar un sentido a la vida de los hombres” (Giovanni Reale y Dario Antiseri, Historia del Pensamiento Filosófico y Científico, 1988, Tomo II, 173). ¿Qué había cambiado con Copérnico y que cambiaría con Galileo Galilei?El autor es profesor asociado de la PUCMM.

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