El “nazi” discreto
“El Héroe Discreto” es la más reciente novela escrita por Vargas Llosa. No he leído su contenido, pero sí me parece acertado utilizar su título por la congruencia que encierra para identificar esta opinión. Quienes sienten la “nazinostalgia” se hacen representar con sus cabezas raspadas, sin embargo, otros como el señor Vargas Llosa, de tupida cabellera plateada llevan a cabo prácticas que sustentan esta doctrina (nacionalsocialismo): el racismo, aunque la más aprendida ha sido la imposición de un régimen basado en la propaganda de convertir lo falso en verdad. Con ambas él se inscribe militantemente. En el primero, los individuos de rasgos europeos en su país natal y negado, Perú, discriminan a los indígenas y mestizos, al “cholo”, y él los desprecia aún más después de ver esfumarse lo que creía una victoria electoral fácil y recibió una derrota esplendorosa de un representante de una minoría exigua en Perú como es la japonesa, de un desconocido agrónomo como el señor Fujimori, quien fue favorecido por el voto mayoritario de los peruanos. Esto lo llevó a la radicalización y, sumado a su ya cavernaria posición anticomunista, a obtener la nacionalidad española despreciando la peruana. En lo concerniente a difundir mentiras hace el papel de Goebbel infamando la República Dominicana sin pruebas de una “desnacionalización de 200 mil dominicanos”, y lo hace convencido de que es “verdad” la mentira. E incluso nos deforma y ofende la bandera dominicana con el símbolo de la esvástica. Guerra total es la consigna contra la verdad sostenida en la sentencia del Tribunal Constitucional dominicano donde no hay ni ha habido retruécano en nuestra Constitución porque esta sentencia no se ha fundamentado en una indefinición legal, sino en una ratificación legal. Y además de esta injerencia se atreve a la insolencia de solicitar al papa Francisco la destitución del Cardenal López Rodríguez, aviesa sugerencia típica de su fobia por la religión católica. No es aceptable para los dominicanos que la voz desinformadora de Vargas Llosa quiera jugar con nuestra identidad nacional, porque no puede ni debe ser de otra manera de como lo prevée la sentencia 168-13, dada la condición de país soberano e independiente que tiene la República Dominicana. Él conoce muy bien la unidad política de lo que es un Estado, no hay que explicarle eso, pero sí que la voluntad de vivir juntos que tenemos los verdaderos y genuinos dominicanos es la fuerza de ser de nuestro débil pero dignísimo Estado. Que lo sepa claro y alto que su actitud hipócrita de acusación de la misma condición que le seduce: rechazar a los suyos de la etnia indígena, no lo toleraremos bajo ninguna circunstancia. Nos ha defraudado a los dominicanos pues su constantes visitas al país nos dejaban la impresión de que eran sinceras y honestas, pero no eran más que actitudes disfrazadas. En la Europa que él ha escogido para vivir de forma oportunista “con libertad y respeto por los derechos humanos”, no le dedica una línea de repudio a las vallas con navajas, los desmantelamientos de campamentos de rumanos y albanos, las fumigaciones contra la sarna en Lampedusa, las cárceles de Malta; o las leyes inglesas, francesas, alemanas y holandesas para enfrentar a los inmigrantes, que sí tienen características propias del nacional-socialismo que nos enrostra. Callar ante estos abusos sí le retratan como “el nazi discreto” que es; esa sí que es política racista. Así que la severa campaña desinformativa e interesada de naciones y organizaciones internacionales junto a traidores locales y extranjeros pagados, solo buscan resolver el fracaso de la sociedad haitiana perjudicando y dañando a la nación dominicana.

