La crisis rentable: capital vs Estado

Por doquier, los analistas económicos internacionales aducen una crisis económica mundial. Desde 1998 la palabra es el comodín de la coyuntura económica y el argumento para validar políticas sociales restrictivas. También para convertir en eufemismo la llamada “responsabilidad social” corporativa. Tanta ha sido propagada esa frase que dudamos la existencia de algún ciudadano capaz de pensarse con derecho a la protección pública. Según ella, desde 1998 el mundo ha estado bajo los azotes de esa implacable y monstruosa “crisis económica”. Esta idea de crisis es el rayo paralizante de los esfuerzos de miles de millones de personas en el mundo. Se constituye en el lastre de las iniciativas, dejándolas como exclusiva heredad de aquellos con mayor libertad económica, capacidad de riesgo y emprendimiento. Una situación de tal naturaleza obliga forzosamente a preguntar: ¿hemos vivido o vivimos realmente tal crisis? Y si es tal, ¿es discernible de la data económica y las estadísticas? ¿La sufrimos todos? Tal crisis parece argumentarse en la tasa de PIB negativa reportada por economías desarrolladas, especialmente Gran Bretaña y Japón. La caída de bancos, la pérdida de valor de los inmuebles y el desplome financiero de las cuentas nacionales. En EEUU, en cambio, el fenómeno es relativo y debe catalogarse de desaceleración: la tasa del PIB de esta economía promedió cerca al 5.3651% entre 1998 y 2005 al ganar US$44.0781 billones en el período. En otros ámbitos del planeta, como China, Asia y entre las economías de las ex URSS, el sol salía al revés: entre 1998 y 2003 allí se registraron tasas anuales del PIB próximas al 7%, con metáforas caucásicas y tigresas. La economía europea, en tanto, se mantenía entre 2% y 3%. Esto obliga a preguntar si hay crisis económica mundial cuando una significativa parte del mundo experimenta crecimiento económico. Se abandona el universo de las generalidades y se asume la particularidad de las realidades: el comportamiento de la producción y el dinero dirá qué ocurrió en sus ámbitos. Permitirá afirmar o negar, empíricamente, la existencia de ese “estado de crisis económica mundial” argumentado al amparo de datos parciales y coyunturales. La tesis es que toda situación de crisis económica debe tener su correlato en el Flujo de Caja de las Empresas (FCE) por el rol que desempeñan en la distribución/concentración de riqueza (sueldos) y en el sostenimiento del Estado (responsabilidad fiscal). El FCE, pues, podría ilustrar la crisis/prosperidad industrial, comercial, salarial y estatal. Esto es si existe o no una economía en crisis. Tomaremos a los Estados Unidos de Norteamérica, por la accesibilidad de su data y su influjo modélico. Sus actos políticos y militares junto a su liderazgo comunicacional inciden significativamente en la formación y persistencia de la idea “crisis económica mundial”. Según el United States Census Boureu, adscrito a su Departamento de Comercio, en 1998, punto de inicio de la desaceleración económica mundial, la Rentabilidad Neta (RN = Net Dividens, subcategoría de “Profits after tax with IVA and CCA \1”) de las empresas norteamericanas rondó US$357.1 billones y siete años después, en el 2005, se colocó en US$580.5 billones, ganando US$224.40 (62.56%) en el período de arranque de la “crisis”. Era el efecto del FCE. Este describe un círculo que va desde el comercio y el mercado y termina en sueldos y el gobierno. En EEUU, descontándole los Impuestos al Ingreso Corporativo (IIE), pasó de US$669.6 billones en el 1998 a US$1111.8 en el 2005, ganando US$442.2 billones (66.04%). En cifras también redondeadas, los IIE, por su parte, también aumentaron: desde US$248.4 billones en el 1998 a US$412.4 billones en el 2005, creciendo US$164 billones, iguales a 66.02%. De 1998 al 2005, pues, difieren los crecimientos de las partidas FCE y RN frente al IIE. Aquellos fueron, respectivamente, 2.6956 y 1.4376 veces más que los IIE. En consecuencia, en el período y respecto al FCE y a la RN, los IIE crecieron ñ421.2 y ñ108.7, respectivamente. Se asiste, pues, a un proceso de caída de IIE. cuyo pico se ubicó entre el 2000 y el 2003. Entonces, estos descendieron de US$265.1 ( siempre en billones) en el 2000 a US$203.3 en el 2001 para descender a US$ 192.3 en el 2002 y a US$243.8 en el 2003, resultados de una política fiscal de incentivo. Aunque este ingreso fiscal empezó a recomponerse en el 2003, registrando US$243.8 billones, sus niveles todavía fueron inferiores a los del 2000 (US$265 billones). Desde el 2003 al 2005 estos ganaron $168.6 billones, llegando a colocarse en los referidos US$412.4 billones (1.6915 veces más). Y a pesar de que entre 2006 y 2007 el FCE cayó (US$883 a US$799 billones, respectivamente) logró reponerse, en el 2010, alcanzando US$1,122 billones, apreciándose para establcer un promedio anual de US$981.4 billones en ese período y US$197 billones más (21.30%) respecto al 2005. La RN y los IIE concluyeron el año 2012 con valores de US$1742.30 y US$434.8 billones, respectivamente. En el periodo 2005-2012 los IIE ganaron US$22.4 billones (5.43%) y las RN de las empresas acumuladas en el período, US$630.5 billones (56.71%). Al parecer se trata de una particular crisis: en ella Estado y sociedad empobrecen en tanto las empresas aumentan sus ganancias.

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