Tiempo para el alma

“Recorría -Jesús- toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo”. Mt. 4: 23. Esta es una de las tantas enseñanzas de Jesús, que no solo entregaba o entrega, lecciones con sus parábolas de incalculable sabiduría, sino con cada acción de su vida. Jesús llegó a Galilea al enterarse de que Juan había sido arrestado y, entre una cosa y otra, nuestro Maestro aprovechaba para predicar en los templos, claro, Él llevaba su Palabra, el mensaje de Dios adonde quiera que iba, pero no solo hablaba, actuaba: “curando las enfermedades y dolencias”, otra forma de predicar, mucho más convincente para los nuevos creyentes o para quienes dudaban. Ahora bien, el evangelio de Mateo agrega algo importantísimo para los cristianos de hoy, no sólo dice que además de sus prédicas Jesús actuaba curando enfermedades y dolencias, sino que es muy claro en referirse a quiénes curaba el Mesías: al pueblo; veamos de nuevo: “Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo”. No dice que curaba a sus adeptos, a sus discípulos y sus parientes, a los buenos, a los santos, a los convertidos: a t-o-d-o-s. ¿Cómo andamos los cristianos de hoy? ¿Hacemos gala de nuestros dones entre nosotros y desestimamos el infinito trabajo que tenemos al rededor de nuestro mundo? En esto no puede haber fronteras, y si las ponemos, estamos también levantando muros entre nosotros mismos y nuestra salvación.

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