FUERA DE CÁMARA

Dos asesinatos viciosos

El mayor reto de la sociedad dominicana-- que no sólo de la autoridad represiva del Estado--, es garantizar la seguridad ciudadana, que haya control de la delincuencia y la criminalidad callejera para que retorne la tranquilidad al seno de la familia. De nada sirve haber logrado consolidar un sistema político estable con la posibilidad de alternar gobiernos y presidentes cada cuatro años si todos estamos en permanente riesgo de que la tragedia toque nuestras puertas el día menos pensado a causa de una delincuencia rapaz fuera de control. Aunque todavía las estadísticas criminales de la región no nos sitúan entre los países más peligrosos y que la mayoría de nuestro entorno está en peor situación, los índices de criminalidad han aumentado alarmantemente en el último lustro. La realidad es que nos estamos convirtiendo de forma acelerada en una nación de alto riesgo no sólo para los ciudadanos comunes y corrientes sino también para muchos extranjeros en edad de retiro que en los últimos años se han establecido en nuestro territorio en procura de una vejez tranquila. En apenas 48 horas fueron asesinados dos extranjeros, el suizo Peter Müller, de 66 años, y el holandés Antonius Adrianius Zwerts, de 62... Crímenes viciosos, para robarles sus pertenencias, a plena luz del día, uno de ellos en el módulo central de Santo Domingo. Los daños que acontecimientos de esa naturaleza provocan a la imagen del país no pueden cuantificarse. La repercusión en el extranjero es enorme, se resiente el turismo, se nos ve como sociedad primitiva, salvaje, cruel, inhumana... Hay que actuar... ¡Y rápido!Es irritante el trato que nos dan algunos medios europeos cuando ocurren tragedias como estas. Porque aunque se trate de crímenes brutales e injustificados, las autoridades dominicanas actúan correctamente en cada caso. Sobre el asesinato del ciudadano suizo Walter Müller, que residía junto a su mujer en una casa solariega en las afueras de San Cristóbal, los autores del crimen estaban presos en cuestión de horas y se recuperaron las pertenencias sustraídas. Zwerts, el holandés, fue asesinado en Los Alcarrizos, un barrio periférico de la capital, y las circunstancias del crimen no estaban del todo claras al momento de escribir esta columna. Andaba en una motocicleta y portaba una pistola. El caso se investiga con la celeridad debida. El jefe de la Policía, general Manuel Castro Castillo, es un oficial confiable que lleva a cabo una gran gestión, sólo matizada por una violencia callejera que viene de años asociada a la drogadicción y al microtráfico barrial. En una encrucijada...Algunos medios europeos se han escandalizado con esos dos crímenes. Las autoridades dominicanas, sin embargo, no pueden hacer nada más allá de investigar, establecer responsabilidades y someter a los autores a la Justicia. El presidente Medina ha exigido un rápido esclarecimiento de ambos casos. La versión digital de un periódico regional holandés comentaba en su edición sabatina que la sociedad dominicana vive en los tiempos del salvaje oeste norteamericano, donde todo el mundo tiene que andar armado hasta los dientes “para poder salvar el pellejo...”. Es esa la justificación que daba al hecho de que Zwerts portara una pistola al momento de ser asaltado y asesinado en un barrio de la capital dominicana. Los países exigen explicación cuando muere en esas circunstancias uno de sus súbditos... Pocas veces, sin embargo, averiguan a qué dedicaban su “tiempo libre”.

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