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Puntos de vista sábado, 28 de diciembre de 2013

ORLANDO DICE...

El país no es responsable de la desgracia de Haití

  • El país no es responsable de la desgracia de Haití
Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do
@orlandogildice

EL DEGÜELLO Pastor Vásquez Fría cita en su libro ¡Éxodos! (página 120) a Bernardo Vega: “ÖCuando Trujillo adquirió en l956 la mayoría de ingenios de los norteamericanos, el hombre que había ordenado el degüello de 1937 se convirtió en el principal empleador de haitianos en el paísÖ”. Lean bien. Los haitianos que habían sido víctimas de la masacre de 1937, ordenada por Trujillo, no tuvieron empacho 19 años después en ser sus esclavos en la siembra y corte de la caña de azúcar. Y se sabe que los haitianos no venían por libre voluntad, que o lo traían o lo mandaban a buscar, y en la operación participaban quienes fueran a la sazón sus gobernantes. ¿Por qué entonces deben cargar con esos muertos haitianos las generaciones dominicanas posteriores a 1937, si sus propios compatriotas no tuvieron nunca remordimiento e hicieron negocios a su costa? Pensaron Edwin Paraison y Guy Alexander en este hecho cuando formaron Comité Memoria 1937, pues pudieron haber llamado a su grupo Comité Memoria 1956, y por igual año tras año, hasta llegar al 2013 de la sentencia del Tribunal Constitucional...

EL TRABAJO.- Edwin Paraison y Guy Alexander pudieron haber puesto cualquier año del interregno que cubre la Dictadura y la Democracia para su núcleo de defensa y ataque. Solo que sus dedos debieron apuntar desde el primer momento hacia Haití, donde todavía habita la desvergüenza, y no hacia República, donde por lo menos encontraron comida. Pues eso es parte de la situación. Los haitianos se quejan, pero los dominicanos no son responsables de su desgracia. Son buenos cortando caña, y por igual arroz, y recogiendo café y cacao, y pegando blocks, pero de este lado de la isla. No son capaces de sembrar su propia caña, ni su arroz, ni su café, ni su cacao, como tampoco levantar sus edificios. De ahí la diferencia. Aquí hay progreso, allá miseria, y al misérrimo no le queda otra que buscar vida donde haya vida. Los haitianos deben mirarse en su espejo, pero si fuera  espantoso, y se miran en el cristal de los dominicanos, deben saber que lo que se tiene fue trabajando y no envidiando...

EL COLOR.- Los haitianos pudieron tener al igual que los dominicanos una república con un nivel aceptable de desarrollo, puesto que conocieron primero la libertad, aunque no la igualdad y la fraternidad, que fue la consigna de la Revolución Francesa que adoptaron como divisa para lograr su independencia. Prefirieron fuego y no agua, y quemaron todo lo que encontraron a su paso, de manera que el blanco no tuviera donde aposentarse. Fue en su tiempo la colonia más próspera del mundo, y ese paraíso no lo destruyó el europeo, sino el nativo. Libre, pero con mentalidad de esclavo. Da risa o pena cuando los haitianos hablan de racismo, pues nadie en el mundo discrimina más que ellos, y desde sus orígenes, e incluso entre sí. No se admite, pero la verdad que hay racismo de derecha y racismo de izquierda, y el de izquierda, el que practica el negro contra el blanco, es igual de  infame. Los haitianos se dieron cuenta de esa debilidad, y se aprovecharon de ser negro, haciendo del color una profesión...

EL NEGOCIO.- Nada más hay que mirar hacia América. Los negros norteamericanos demandan oportunidades pero en su territorio, y nunca fuera de sus fronteras, y se sabe de sus grandes luchas por la igualdad. Desde antes de Abraham Lincoln y después de John F. Kennedy. No se recuestan, y mucho menos hacen negocio con su situación, como sí los haitianos. A quienes hay que dar por las buenas o por las malas, puesto que si no, se desquitan con la consabida acusación de anti-haitiano, racista y xenófobo. Que es la culpa que ahora cargan sobre los hombros de los dominicanos, y que a su vez resulta un comercio tan bueno que hasta dominicanos se benefician. Cuando se ve que dominicanos hacen causa común con los haitianos, hay que buscar razón. Si los segundos aceptaran la regularización de su status, y se diera fin a la especie de limbo, el dinero no fluiría como ahora a las Ong’s, que son una versión moderna de chupa cabra. Solo el mucho dinero que corre explica la amplitud y profundidad de la campaña contra República Dominicana...