REFLEXIÓN DEL ALMA
La nación celebra la Navidad
La próxima semana es Navidad. Esta columna les desea a todos los dominicanos mucha felicidad colmada de amor, con una Patria justa. ¡El silencio de la anhelada paz nos envuelve y la suave brisa anuncia el nacimiento del niño Jesús, cuánta ternura encierra esta fecha memorable en la vida cristiana! Suenan dulcemente campanas en el corazón, mientras las sonrisas brotan de los rostros humildes esperanzados en que el futuro sea promisorio. La nochebuena se celebrará. Hasta en las chozas paupérrimas se sentirán los reflejos de esa felicidad tan deseada, surgiendo de ecos de júbilo de las festividades navideñas en República Dominicana. Esa noche se obviarán tristezas agudas que rompen la alegría de vivir, porque estas fiestas del alma encierran la grandeza de la existencia humana. Al día siguiente celebraremos el nacimiento de Jesús. Fuegos artificiales alumbrarán el cielo resplandeciendo en nuestra tierra, con millones de lucecitas reflejando alegrías, mientras los arbolitos de Navidad encendidos por doquier, resaltan en los jardines y residencias nacionales, entre el alborozo de miles de compatriotas aguardan por esta noche esplendorosa. Días atrás, una niña pobrecita tocó mi puerta, fue algo conmovedor que me sacudió. Tatica, de 9 años de edad, sin sonrisas ni apellidos, no conoció a su padre, quien abandonó a su madre al ella nacer; andaba solita, como una sombra diminuta que destroza, por su dulzura infinita dentro de un ámbito de imposibles para percibir alguna alegría; ella como siempre en búsqueda de un poquito de felicidad. La niña creía que la felicidad tan nombrada consistía en dulcitos maravillosos que nunca comió, pobrecita, ignoraba que consiste en azúcares inmateriales para el alma. Me senté con ella, en corto tiempo me llené de sentimientos intensos que me entristecieron, porque me contó su vida triste. Su madre había muerto varios años atrás, estaba necesitada de cariño y de todo, que en ningún momento expresó; ella cuidaba su abuelita enferma, pero tenía que vender chucherías en las calles, realidad que le fue suprimida por sus vecinos, para que no se la llevaran. No entendía esa realidad, se lo expliqué dentro de una larga conversación angustiante, por las grandes injusticias vivenciales. Tatica estaba acostumbrada a caminar deambulante; mientras nos hablábamos su necesidad de cariño le salía por la mirada profunda y triste. Agradecí al Señor la aparición de ese angelito que al instante humanizaba profundamente la vida. Tatica tenía un hermano grande que lavaba carros, él siempre tenía para comer, aunque no socorría a su hermanita ella no lo acusaba. Su terrible realidad consistía que la pequeña dormía poco, su catrecito lo usaba él, ella optó por acostarse sobre hojas de plátanos en el suelo, sentía frío, su abuelita seguía ajena a todo, los vecinos les llevaban comida y la niña la alimentaba mientras comía. ¡Así vivía! ¿Dios, por qué suceden hechos inhumanos en nuestra tierra? Me enteré una tarde inolvidable, en esos días navideños. Dominicanos, Tatica es la muestra del sufrimiento de la infancia nacional. Si tienen hijos, miren en los niños pobres la imagen de los suyos, para atenuar la angustia de esa infancia que rompe el alma, entendiendo que tenemos que ayudar a la pobreza infantil dominicana. ¡Observemos qué enorme tristeza cargan niños inocentes desposeídos tratando de sobrevivir, sin que comprendamos su odisea, imposibilitados de desenvolver terribles incógnitas vivenciales. Socorramos a nuestra infancia para liberarlos del peso inmedible existencial viviendo en extrema pobreza. Alegrémonos en esta Navidad, cuando se sensibiliza la vida entera, sin rebelarnos ante la posible llegada de otro niño a nuestras casas, pensando que la felicidad es un caramelo. Feliz Navidad.