REFLEXIÓN DEL ALMA

Ausencia de control de calidad

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Leonor Porcella De BreaSanto Domingo

En la mayoría de las naciones del mundo el Estado preserva la salud de sus ciudadanos; los mandatarios designan a funcionarios para que cumplan con sus obligaciones de revisión en todos los artículos de manufactura nacional, especialmente en lo comestible, y si se producen en el exterior actúan con más exigencia. La permisividad en nuestra nación se hace costumbre; la vemos con frecuencia en dirigentes que deben ser enérgicos en el desenvolvimiento de sus cargos, por responsabilidades ineludibles, que se desvirtúan poniendo en peligro la vida humana. El Presidente delega en hacer viable quehaceres legales importantes como mandatario dominicano; sin embargo, esos designatarios tienen que ganarse la confianza que se ha puesto en ellos que muchísimos defraudan. La decidia del mundo en su lenta degeneración nos arrastra, en lugar de aprender las cosas buenas tomamos todo lo que nos afecta como nación. Consecuentemente tenemos niñas de 13 años embarazándose, sin capacidad de traer inocentes a la vida y sin condiciones económicas para hacerlo. Gran cantidad de nuestros conciudadanos adoptan trabajos en desgana, sin deseos de efectuar labores de calidad. Aquí existen suficientes dependencias para Control de Calidad, chequeando lo de fabricación nacional; es obligatorio velar para que los alimentos lleguen a la ciudadanía en óptimas condiciones, mucho más si todos los productos no son dominicanos y llegan por las aduanas nacionales. La industria de República Dominicana se ha caracterizado por su excelencia en los últimos años, su seriedad y su calidad ha crecido logrando un nombre estable e inmejorable. Sin embargo, el inicio de la duda sobre muchos productos nacionales llegó por una voz de alarma autorizada, con el salami. No ha sido justo para las industrias serias que nunca han tenido problema de adulterar ningún producto; por el contrario, su marca ha significado garantía de calidad, el país sabe quienes son. Cuando el control de calidad tenga la seguridad de que un producto es dañino para los dominicanos, no debe dar una alarma generalizada, porque afecta a toda la industria nacional. En ese caso se debe proceder a cerrar la industria que falte a las normas establecidas de salubridad, para cuidar de la salud dominicana y para evitar involucrar a quienes actúan con apego a nuestras leyes, de seriedad conocida toda la vida. A todo el embutido nacional se le hizo daño, hay que tener la determinación de señalar culpabilidades, para velar primordialmente por el consumidor nacional. Esa ha de ser la meta principal en dependencias de Control de Calidad, donde se nombre un personal de alta responsabilidad que cumpla con su deber. Los culpables tienen que aceptar su culpa, impuesta por leyes sin impunidades. Con asombro se escuchó que había arena en el azúcar morena o parda; el país aguardó a que importadores dijeran algo; el silencio ha sigo el paradigma de los callados actores de tristes comedias. Hubo excedente de miles de toneladas de quintales importados, al parecer no distribuidos en el mercado nacional. Esos problemas siempre se resuelven, sin embargo, lo preocupante que no se solucionó es que tengamos que importar azúcar en un país tradicionalmente azucarero, con muchísimos ingenios clausurados. Eso es lo dañino para nuestra economía, es imperdonable que se admita como natural en la evolución deseada, aceptando cambios dolorosos para nuestra nación como algo normal, a sabiendas que caminando hacia atrás no se llega a ningún lugar. Hay que volver al campo, hay que sembrar, no podemos ser importadores, tenemos que exportar. También importamos arroz, otra vergüenza. Dominicanos, nuestros males se agravan, luchemos por despejar el ambiente de grandes errores, cambiándolos por valores, paz y amor.

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