UMBRAL
Encuentro de alcaldes: Violencia en CA
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Comparto con mis lectores las palabras que pronuncié para dejar inaugurado el Primer Encuentro de Alcaldes Centroamericanos, denominado “Integrémonos en ciudades amigables y seguras”: “Centroamérica hierve en la violencia”, “El Triángulo Norte es una riada de sangre”, “El crimen organizado arropa a Centroamérica”, “Drogas, crímenes, corrupción y violencia en Centroamérica”, son algunos de los titulares de la prensa escrita y medios de comunicación electrónicos a nivel mundial. Agobiados por informaciones de este tipo que expresan la cruda realidad de nuestra región, nos acercamos al expresidente Álvaro Alzú, un integracionista convencido, cuestión que probó desde el ejercicio de la Presidencia de la República, la diputación en el Parlamento Centroamericano y los demás espacios de poder y responsabilidades políticas y administrativas ejercidas, para proponerle, en nuestra calidad de presidente de este órgano político del Sistema de Integración Centroamericana, SICA, la realización de este primer encuentro de alcaldes centroamericanos denominado: “Integrémonos en ciudades amigables y seguras”. Por la visión que tiene, y tienen los demás alcaldes de la región que nos acompañan y otros que por cuestiones que escapan a sus deseos de estar aquí no están, Álvaro Alzú se identificó con nuestra propuesta, consciente de que el tema que nos reúne es de vital importancia porque el auge de la violencia que sufrimos en este tiempo que nos toca vivir, hace que nuestras ciudades se conviertan en espacios inseguros, invivibles y poco atractivos para potenciales visitantes. Las secuelas de la violencia citadina ya se expresan en cuestiones que tienen que ver con la salud de los munícipes, que se vuelven paranoicos, neuróticos; que viven estresados, atrapados en el miedo que les impide trabajar y estudiar con libertad; que les impide disfrutar del esparcimiento individual y familiar que se necesita para que, junto a otras condiciones, se pueda tener una vida plena. Pero combatir o prevenir la violencia no es asunto sencillo, porque ésta es parte de la esencia del ser humano, que desde los tiempos primitivos ha venido ejerciendo por una razón u otra. De hecho, algunos especialistas se atreven a afirmar que el hombre es el único animal, “a excepción de ciertos roedores, que se complace en ejercer la crueldad sobre sus semejantes” y que la tortura es un método, llamado por nosotros inhumano, pero que solo lo implementan o lo han implementado los humanos, pues no se conoce a ningún otro animal que recurra a ella. Desde las sociedades primitivas, cuando no existía la propiedad privada sobre los medios de producción, el hombre recurría a la violencia social. Entre las gens, la violencia se expresaba en la lucha por controlar a la hembra o por dominar otra tribu. El hecho es que, las gens, que fueron las células primitivas de la sociedad humana, envueltas en el robo, la perfidia, la traición, es decir, la violencia, condujeron a la perdición a la sociedad sin clases, como afirmó Federico Engels.

