SONDEO
Un gerente
Desde hace mucho tiempo, en Obras Públicas hacía falta -más que un ingeniero que privilegiara a una o dos grandes compañías en los pagos y en la asignación de trabajos- un gerente que prefiriera dar mantenimiento a lo existente y resolver oportunamente pequeños problemas y necesidades de los distintos lugares del país. Mucho más que un ingeniero recaudador (y con agallas suficientes como para en tiempos de campaña ofertarle recursos al candidato oficial y al de la oposición a la vez), Obras Públicas de lo que estaba huérfana era de un buen gerente que, por demás, sea un gran doliente de los fondos públicos, consecuente con la población que demanda servicios adecuados, y hasta garante de la imagen del gobierno; haciendo y cumpliendo, para terminar bien. Aun habiendo pocos recursos, desde el ministerio que nos ocupa hoy se advierten señales esperanzadoras y una dinámica inusual. Por lo pronto, cuando se anuncia un plan de reparación de caminos a nivel nacional, de bacheo de calles, y un viceministro habla de la integración de diversas brigadas de obreros, todo eso hace pensar se pondría a muchos desempleados a comer, y que el descuido con el mantenimiento pudiera ser cosa del pasado. Pero cuando se escucha al ministro Gonzalo Castillo decir que “no tengo obras favoritas ni propias”, y señalar que en la cartera que encabeza hay dos agendas: la del Presidente y la del pueblo”, eso sólo alienta sobremanera. Y que, tras despilfarros y experiencias nefastas de distintos tiempos, se perfila que el presidente Danilo Medina -que ofrece muestras de venir en una onda de ética y de transparencia- dio en el clavo y estaba muy claro al decidirse por un gerente y amigo de comienza, en vez de un ingeniero para Obras públicas, como era costumbre. Con una agenda de desarrollo del país, como tiene el Presidente, y la visión actual -no mercurial ni de privilegio a las grandes compañías constructoras y a las grandes obras- del ministro Castillo y su equipo, el futuro de los dominicanos pudiera ser llevadero, no obstante el déficit fiscal que ahora se trata de resolver. Por cierto, en esto se necesita una mayor dosis de sensatez, madurez y desprendimiento. Por ejemplo, se quiere el 4% para educación, pero sin impuestos. ¿Entonces, de dónde?

