Vincho va en serio

El decreto número 486-12 crea la Dirección General de Ética e Integridad Gubernamental (DIGEIG), para dar respuesta a las denuncias de corrupción en el Gobierno, y llevar al Ministerio Público aquellos casos que lo ameriten, y para que lo dirija, nada menos que, la docta y probada personalidad del doctor Marino Vinicio Castillo Rodríguez. Para ello ha sido investido de amplios poderes: interrogar y perseguir los actos de corrupción en que incurran los funcionarios públicos. Algunos escépticos ñque siempre los hayñ opinan que todo quedará en un simple desvío del foco de atención de los verdaderamente graves problemas nacionales que debe enfrentar el Gobierno. ¡Qué equivocados están!. Poner la vigilancia tutelar de la ética gubernamental en manos tan comprometidas con enfrentar el escándalo y evitar el abismo como las del doctor Castillo, y pese a la incomprensión de sus adversarios jurados, regularmente aquejados de ataques de hipocresía, las normas éticas no serán una consigna propagandística del Gobierno. Sí es comprensible que las autoridades estarán en mejor posición negociadora de pactar la reforma fiscal por el compromiso de austeridad y calidad del gasto. Pero la lectura es que no habrá un desentendido ético y moral para depurar responsabilidades, por la corajuda defensa con la que asume los compromisos el doctor Castillo, personalidad en donde no hay cabida para la pusilanimidad en hacerle el juego al desatino. Claro, ello obliga a la ciudadanía a no adormecerse, a no permanecer impasible como si la tarea no fuera de todos. Al doctor Castillo le faltaba la tamaña encomienda de, no sólo advertir, sino cuidar la “salud ética de la administración gubernamental”. Diríamos que se inicia la hora de los buenos augurios, a pesar de sentimientos y reacciones que intentan desdibujar la figura de este incansable luchador de causas nacionales, que muchas veces lucen como perdidas porque el mismo pueblo por el que se lucha, en medio de un despliegue mediático increíble, sigue distraído, desentendido del acontecer político de sus “líderes” que no muestran interés en la debacle ética del país. Él ha estado todo el tiempo involucrado voluntariamente en tratar de corregir estas desviaciones de los valores de una sociedad atrapada en la corrupción e inficionada por las lacras y las tentaciones peligrosas que de ella se derivan. Sabemos que el goteo de datos será constante porque es innegable que vivimos en un ambiente político devorado por la ambición de mando; de conciencias apaciguadas por los deseos inmoderados del peculado, pero para nadie debe ser motivo de duda que el doctor Castillo, sabrá ganarse ñya la tieneñ la admiración cariñosa del pueblo, pues no aceptaría jamás interferencias indebidas; ni asomarían las apariencias de “dos autoridades” en sus actuaciones para intentar socavar las responsabilidades y oportunidades de tomar sus propias decisiones. Se ha rumoreado en círculos pesimistas que a su edad aparecería el agotamiento para tan ardua tarea; otros con más sorna entienden que “sólo sería una memoria viva que vivirá detrás de las barreras”. Otra equivocación. Él ha andado siempre inquieto, como a disgusto con su derrotero (el de la nación), y por el bienestar de la República ha arriesgado su vida y la de su familia con una pasión que raya en la temeridad. Aún así sus críticos más severos han pretendido enmarcarlo en una posición numantina cuando ha sido tan crítico con gobiernos legítimos (sólo por la forma de llegar al poder), pero que al ver lo que hacen por vía de acciones u omisiones que violan sus valores básicos, su convicción lo lleva a coincidir con san Agustín, que nos dice, “que un gobierno sin justicia es un gran robo”. En definitiva él genera entusiasmo, ¡y va en serio!.

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