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Puntos de vista martes, 10 de mayo de 2011

El Quetzal, Trujillo y Leonel

Tony Raful

La Orden del Quetzal en el grado de Gran Collar, es el máximo galardón que alguien puede recibir del Estado guatemalteco.  El tirano Trujillo presionó al entonces presidente Carlos Castillo Armas (1954-1957) para que le otorgara ese galardón insigne. Trujillo había sido uno de los puntales del derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz (1954) junto a la Agencia Central de Inteligencia norteamericana. A Jacobo Arbenz, se le acusó de comunista, básicamente como continuador del proceso de reformas iniciado por el presidente Juan José Arévalo, quien inició el llamado período de la revolución de octubre en 1944, luego de la dictadura del dictador Jorge Ubico.  

Trujillo era enemigo de los gobiernos guatemaltecos (Arévalo y Arbenz) quienes albergaron a los exiliados dominicanos que luchaban por derrocarlo a través de tentativas de lucha armada y de la llamada “Legión del Caribe”. De Guatemala salieron los aviones que comandados por Horacio Julio Ornes, debieron llegar a costas dominicanas a librarnos de la pesadilla trujillista. Lamentablemente, dos de las naves aéreas, las que estaban más fortificadas fueron detenidas  en una isla mexicana cuando se detuvieron a abastecerse de combustible, por lo cual, solo llegó una de ellas a la bahía de Luperón el 19 de junio de 1949.  El odio de Trujillo  a Arévalo y a Arbenz, lo llevó a conspirar apoyando al coronel Castillo Armas, quien operaba desde bases cercanas, para subvertir y desestabilizar el gobierno  democrático de Arbenz. Una vez logrado su propósito, enviando dinero en efectivo y una goleta llena de armas para los invasores, Trujillo fue reconocido por el nuevo gobierno golpista de Castillo Armas, como un gran amigo y campeón del anticomunismo en América, pidiéndole a Trujillo, años después, que lo asesorara en la organización o creación de un departamento de servicio de seguridad, para lo cual Trujillo instruyó al joven oficial Johnny Abbes García, recién graduado en México y quien ya operaba en América Central desde 1956. En un momento determinado, Abbes García, tenía como dependientes del dinero de Trujillo, a más de cien guatemaltecos, que aunque nominalmente estaban subordinados al gobierno de Castillo Armas, en realidad servían a Trujillo. Fue entonces cuando Trujillo le pidió a Castillo Armas la condecoración del Quetzal.

Quienes conocieron a Trujillo, sabían de su debilidad por el reconocimiento y por la pompa, búsqueda común de seres carenciales de afectos en su proceso de formación social. La petición fue llevada hasta el presidente Castillo Armas, quien respondió señalando el honor de condecorarlo y hacerle un recibimiento triunfal por sus aportes a la democracia, pero que esa condecoración debía posponerse para otro momento. Trujillo montó en cólera y pidió posteriormente que le cancelara la deuda económica contraída en armas y dinero. Castillo Armas respondió que Guatemala no tenía dinero, que estaba en mala situación, pero que eventualmente se saldaría esa deuda. La historia es apasionante; quien escribe, trabaja desde hace algunos meses, en una importante obra de historia, en la cual se revelan todos los detalles y alcances del asesinato del presidente Castillo Armas, el 26 de julio de 1957, ordenado y planificado por Trujillo, con la colaboración de militares guatemaltecos. En esta obra he contado con la colaboración de muchos amigos guatemaltecos y de las instancias oficiales del Gobierno guatemalteco, a través de archivos, testimonios y figuras sobrevivientes de aquellos acontecimientos.

Recientemente, el presidente Leonel Fernández fue condecorado con la Orden del Quetzal en Guatemala, la misma orden que Guatemala le negó a Trujillo, y por la cual Trujillo, en parte, ordenó como represalia de su espíritu primitivo el asesinato del Presidente. Pienso, que el país fue enaltecido con la Orden del Quetzal otorgada al presidente Fernández, y creo que Guatemala reivindicó una deuda histórica con el pueblo dominicano. Trujillo no era, ni es, ni será jamás la representación del pueblo dominicano. Usurpó esa representación durante largos treinta y un años de opresión y crímenes. Fernández es un presidente democrático, con amplia visión histórica y excelente manejo de las relaciones internacionales. No manda a matar presidentes, no participa en conjuras patrocinadas por agencias de espionaje internacional, no valida acciones irracionales contra la paz democrática de la región.

Cuando supe que el Gobierno de Guatemala había otorgado la Orden del Quetzal (Quetzal es un pájaro libre que vuela en altas montañas húmedas, y que si lo apresan, muere de tristeza), al Presidente de mi país, independientemente de diferencias políticas internas, sentí la alegría y el honor de ser dominicano y estar representado por un hombre, tan diferente a Trujillo, y de tanta visión y calidad histórica.