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Puntos de vista martes, 31 de mayo de 2011

Kennedy, Trujillo y los héroes

Tony Raful

El tiranicidio no fue un acto individual sino un hecho histórico, ocurrido en el contexto social y político de una necesidad de cambio que venía determinada por un conjunto de fenómenos y acciones que hacían imposible la continuidad indefinida de Trujillo en el Poder. La torpeza de Trujillo radicó en que no comprendió que su dictadura estaba agotada, y que tal y como lo expresó de manera magistral el profesor Juan Bosch, en una carta enviada a todopoderoso mandamás, el 27 de febrero de 1961, nadie puede sobrevivir en un medio determinado si le han cambiado las fuentes y las condiciones sociales e históricas donde actúa.

El triunfo de la revolución cubana y el ascendente movimiento político de desplazamiento de las dictaduras latinoamericanas a fi nales de la década del 50, condicionó negativamente la supervivencia de la dictadura dominicana. Para liquidar a la revolución cubana, cuya tendencia socialista era visible como desafío al poder norteamericano a 90 millas de su territorio, era básicamente necesario ponerle fi n a la dictadura de Trujillo, que lucía obsoleta y anacrónica, pero que además, había entrado en una etapa agresiva y provocadora, con el intento de asesinato del Presidente Rómulo Betancourt en junio de 1960.

Para Estados Unidos, Trujillo se convirtió en un obstáculo que había que superar dentro de la estrategia del frente democrático anticomunista que pudiese enfrentarse al peligro de una supuesta plataforma extra continental en el Caribe. No era posible en esos momentos preservar o defender a Trujillo y al mismo tiempo confrontar la revolución cubana. El hecho mismo del fracaso estrepitoso de Bahía de Cochinos, en parte resultado de las vacilaciones del Presidente Kennedy a la hora de tomar decisiones determinantes de participación de infantes de marines norteamericanos en auxilio de los invasores (Kennedy no organizó dicha invasión sino la administración del Presidente Eisenhower y la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, dejándole como encargo su materialización al nuevo gobierno) comprometió decisivamente el destino de Trujillo.

Castro no podía ser derrocado si antes Trujillo, el dictador sangriento no era desplazado del poder. Para Kennedy la moral política pública y el discurso liberal que encarnaba, no podía presentarse ante el mundo enfrentando a un líder revolucionario y apoyando al mismo tiempo a un viejo dictador sin horizonte ni destino histórico.

La CIA alentó el asesinato de Trujillo, impulsó la trama, garantizo su éxito con el apoyo norteamericano, pero Kennedy rehusó comprometer abiertamente a Estados Unidos en dicha acción ante los resultados de la invasión a Cuba y el descrédito de la política norteamericana intervencionista, por ello, retrocede, y se produce el cruce de informaciones, en la cual, se disocia de cualquier intento de muerte de Trujillo, apenas días antes del ajusticiamiento, cuando incluso algunas armas habían sido entregadas a los conjurados.

Ese es el valor histórico de los hombres del 30 de mayo de 1961, el haber decidido seguir adelante sin el apoyo norteamericano, a campo traviesa, con una decisión corajuda e impresionante de compromiso con la libertad. Estados Unidos tenía que elegir entre Betancourt y Trujillo, entre una estrella naciente, legítima y democrática, o Trujillo, decadente y agresivo. Si optaba por Trujillo, colocaba a Betancourt en alineamiento con Castro (el propio Betancourt así lo había insinuado).

Fueron las condiciones sociales, históricas, políticas y económicas las que determinaron la gesta heroica del 30 de mayo de 1961. El Trujillato fue descabezado esa noche inolvidable.

Nuestra gratitud y homenaje permanentes a la memoria de los bravos que encabezados por Antonio de la Maza Vásquez, nos liberaron de la peor pesadilla de la vida nacional dominicana.