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Puntos de vista sábado, 12 de noviembre de 2011

EN PLURAL

El comportamiento atípico de Mejía

Yvelisse Prats Ramírez De Pérez
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Con Hipólito Mejía mantuve serias diferencias en su intento reeleccionista. Discípula de don Juan y de Peña Gómez, y estudiosa de la historia dominicana, entendí que los gobernantes que se reelegían devienen en tiranos: Santana, Báez, Lilís, Trujillo, Balaguer. Por eso, voté una y otra vez como Diputada contra la modificación constitucional que colocó de nuevo en nuestra Ley Sustantiva ese incordio de la reelección.

El PRD perdió en mayo del año 2004. El tiempo pasó, como la canción de Cortés; Hipólito Mejía reconoció su error como buen cristiano, aprendió del tropiezo para evitar fracasos ulteriores. Fui conociendo más y mejor a Hipólito, apreciando su sensibilidad humana, su bondad generosa que tiende la mano sin que la otra lo sepa y esa sinceridad tan suya que a veces golpea como una piedra.

Un político atípico, lo han calificado algunos con buena o mala fe desconociendo la esencia ética de la política, llenan el concepto de un egoísmo frío, de un cálculo fariseo en una burda imitación de Maquiavelo.

A mí, que soy también una política “atípica” sin fortuna y con mi vieja alforja repleta todavía de ideales, ha sido gratificante descubrir y valorar en Hipólito los rasgos de carácter que lo tipifican como “distinto”. Una relación afectuosa se fue construyendo entre nosotros, en la oportunidad de trabajar juntos en el Instituto de Formación Política Dr. José Francisco Peña Gómez, ese centro que es obra suya, porque lo concibió y lo provee de recursos para fortalecer la educación política y ciudadana y para mantener viva la memoria de nuestro líder.

Si me preguntaran cuál es la cualidad que más me agrada en esa personalidad vigorosa y definida, me decanto por una; puedo seguir llamándola sinceridad, o con otros sinónimos como franqueza o transparencia.

Pero el Dr. Leonel Fernández desafía a los/as políticos/as dominicanos/as a “conceptualizar”. En una forma un tanto pedantesca de hacerlo recurro entonces a las citas.

Karl Young, Germani y Spott analizan dos tipos de comportamientos, el “simbólico” y el “no simbólico” y señalan que lo que los caracteriza es la diferencia entre lo que decimos y lo que en verdad hacemos.

La Pierre y Farnsworth añaden la condición antitética de ambos comportamientos que entran casi siempre en conflictos.

El comportamiento “no simbólico” es el que singulariza a Hipólito Mejía como ser humano y como político. Y es precisamente esa terca vocación a decir lo que piensa pero además hacer lo que dice, lo que lo acerca a mí, frustrada como todos/as los ciudadanos/as porque los comportamientos peledeístas han convertido los símbolos en degradantes mentiras.

El comportamiento “no simbólico” de Hipólito, su prosaica manera de explicar lo que cree y empeñarse en coherenciarlo con su praxis, hiere en ocasiones, porque una fuerte luz siempre deslumbra. Pero precisamente esa conducta “no simbólica”, que es su marca de fábrica, lo diferencia radicalmente de los otros candidatos, y será la raya de Pizarro en la arena electoral de 2012.

Porque ¿cómo podría una ciudadanía consciente cobijada masivamente bajo la sombrilla amarilla del 4% votar por Danilo Medina, quien firmó sonriente en la PUCMM un acuerdo para mejorar nuestra educación, que incluía por supuesto el 4%, si pocos días después respaldó en su mutismo de conveniencia la negación que de ese pacto hizo la bancada de su PLD aprobando para Educación en la Ley de Gastos Públicos un presupuesto ilegal y vergonzante? ¿De qué puede reírse después de eso Danilo?

Harta de los atildados “comportamientos simbólicos” de los peledeístas, que demeritan las palabras al despojarlas de su ínsita condición de portadoras de la verdad, pongo mi confianza en la candidatura del compañero Hipólito Mejía, como lo hacen cientos de miles de dominicanos/as que se congregan día tras día en nuestros Comités de Base Afectivos, expresiones de adhesión emocionada que han devuelto al PRD una íntima relación con la gente empoderada del lema de campaña “Un mejor país, pero para todos”, que tiene el sello indeleble del comportamiento “no simbólico”, vale decir veraz, de Hipólito Mejía.

Tengo como ellos, además de confianza, esperanza. Porque ahora conozco bien a Hipólito Mejía. Es, además de mi compañero y mi candidato, mi amigo, un gran amigo. ¡Qué suerte tener esta amistad con alguien tan atípico!