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Puntos de vista jueves, 06 de octubre de 2011

Hipólito, sobre aguas turbulentas

Ignacio Nova
[email protected]

En paz, sereno, sonriente, anda el candidato del PRD, don Hipólito Mejía Domínguez, sobre las aguas que quieren revolver el oficialismo y su candidato con el objeto de obligarlo a batallar en unos territorios ajenos y espinosos, tratando de pescar en el mar proceloso, en sus aguas turbulentas.

Son tan ciertas las proyecciones victoriosas de su candidatura que los especialistas en la construcción de percepciones que tan caro paga la oferta oficialista no encuentran argumentos para presentar como válida o tolerable por un día más allá del 16 de agosto del 2012 una gestión tan desastrosa y unos propósitos políticos tan enemigos de la señora Democracia como esos de asesinarla con sus propias herramientas.

Ante algo así sólo se puede temer que haya mentes sobrecogidas por aquel nefasto sueño hegemónico del partido único nacional socialista que en la Alemania de los años treinta sumió en la locura al terrible de Adolf Hittler.

Ante propósitos tales y gestiones, para la ciudadanía, tan pésimas, la población dice fo. Responde con eso a los dos períodos consecutivos de gobierno; a la desatención indolente de las necesidades perentorias y urgentes. A esta imagen tan cierta, emotiva y gráfica del fracaso.

Esa población, en las reiteradas encuestas realizadas en los últimos dos años, dio señales claras de que no asimilaba tal grado de abandono. Llegó, muchas veces, a manifestar la pérdida de la esperanza; los números de la desesperanza parecieron bloques. Bajo su peso cayó presa del pesimismo y sintió en el alma que el de la República era un futuro incierto.

Muchos empezaron a emigrar.

Hoy es diferente.

Amigos con años residiendo en los Estados Unidos desean regresar a su patria para apoyar a Hipólito a reconstruirla.

A refundar sus cimientos económicos y productivos. Consultan con la gente. Quieren reinsertarse. Les regresa la esperanza. En cada lugar que se visita, en cada supermercado, cada colmado, cada lugar público la gente se alegra y exclama, jubilosa: “¡Llegó papá!”.

Hipólito es la alegría de la gente. ¡Qué suerte! ¡Qué dicha! Confían en él. Saben que es un hombre de fiar. Que no les devolverá piedras por sus apoyos. Que no echará al fango el destino de su patria.

Así el candidato del PRD ha venido a ser y a encarnar la esperanza de los más. Junto a él, a su alrededor, prodigándole apoyos y vítores viene la inmensa mayoría del pueblo. Es uno reencontrado con la verdad, dispuesto a realizar esfuerzos titánicos para que el país recobre el trillo y el ritmo de su marcha hacia un futuro mejor.

Tan cierta es la percepción de victoria que se ha construido alrededor de la candidatura de Hipólito Mejía que, para los adversarios, es un valladar.

Ante ese muro, poco pueden ya la publicidad; poco pueden las poses y simulaciones; poco pueden las amañadas estadísticas y menos aún puede el discurso de un crecimiento económico clavado en las costillas nacionales, que nos mata.

El rechazo no puede ser más gráfico. A pesar de los cientos de miles de tarjeta Solidaridad. De pronto, la población beneficiaria parece sentirla como ofensa y burla. La ciudad ha sido forrada con la imagen de un candidato que para la gente es la continuidad de ese estado de cosas insufrible, la exhibición indolente del despilfarro. La más eficiente forma de medrar sobre los fondos públicos.

Por eso muchos dicen: “He ahí nuestro dinero, nuestra salud, nuestra educación, nuestra seguridad…”.

Ante la solidez de tal muro de contención, ante el hecho de que nada les resulta, los adversarios del ex presidente Mejía pierden la cordura. De aquel lenguaje elegante con el que hacían vanaglorias del gobierno actual y de su particular “crecimiento” económico, pasaron a incorporar una abundantísima colección de epítetos insolentes, soeces, mucho más que indecentes.

Los señoritos, que se vendieron como portadores de “lo circunspecto” porque les “asistía” la razón nacida de una mentira y de alianzas terribles para el bienestar general, ahora lucen vulgares; muestran el alma descompuesta, odios y radicalismos furibundos ante el temor de que perderán aquellas canonjías.

Gracias a ellas pasaron de andar a pie y raídos a poseer propiedades ofensivas para la moral del servidor público; de barrios y villas a sectores exclusivos, de la peor de las ollas a poseer jugosísimas sumas de dinero en efectivo.

Eso explica y explicará las próximas acometidas del oficialismo, de su candidato y de su equipo.

A las elecciones del próximo mayo 20 del 2012 no vienen como a un certamen ciudadano; no vienen a fortalecer el ejercicio sagrado de la soberanía. Vienen a un duelo de vida o muerte. Eso habla de su nivel de desarrollo espiritual.

Lo alejados que están de los valores del siglo XXI.

He ahí por qué estalló lo de la JCE. Por qué vendrán otras cosas. Por qué deben estar preparados el PRD en pleno, don Hipólito, el país.

Su ego deformado, pertenecer a especímenes tan primarios no les permite aceptar el rechazo.

No entienden ni aceptan que de pronto no les funcionen las letras blancas sobre la propaganda morada; que no haya perredeistas con etiquetas con precio; que el país haya entendido, así de pronto, como si despertara de la peor de las pesadillas y emergiera de la más lamentable de las enajenaciones, que en la contienda electoral que se avecina se enfrentarán la dignidad nacional contra la más rampante corruptela.

E Hipólito va en paz, sereno, sonriente sobre esas aguas turbulentas. Sobre su triunfal candidatura.