Unasur, una realidad en el continente
La Unión Sudamericana de Naciones, que fuera en su momento visionaria idea de los presidentes Tabaré Vásquez del Uruguay y Hugo Chávez de Venezuela y anhelo sudamericano plasmado en las reuniones y declaraciones suscritas por los presidentes del subcontinente en el Cusco, Perú, en 2004; en Brasilia en 2005, y, en Cochabamba, Bolivia en 2006, ha encontrado, en estos días, su perfeccionamiento como persona jurídica de Derecho Internacional al haber sido ratificado su Tratado Constitutivo y entregados los documentos de ratificación de diez países sudamericanos a su depositario, el Gobierno del Ecuador. Unasur existe ya como entidad política de Derecho Internacional. Así, integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela; Unasur puede ahora echar adelante su objetivo planteado en el Tratado Constitutivo suscrito en Brasilia el 23 de mayo de 2008 de construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura y el medio ambiente, con miras a eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los estados. Unasur representa a 357 millones de habitantes que viven en 17’800.000 kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a dos veces el área de Estados Unidos sin Alaska. Un espacio geográfico y geoeconómico trascendente que procura ser representativo en la comunidad internacional, desarrollarse en condiciones de equidad, democracia, progreso social, respeto a los derechos humanos, al entorno geográfico y al medio ambiente; seguro de que la integración propuesta es un paso decisivo para el fortalecimiento del multilateralismo y la vigencia del derecho en las relaciones internacionales para lograr un mundo multipolar, equilibrado y justo en el que prime la igualdad soberana de los Estados y una cultura de paz en un mundo libre de armas nucleares y de destrucción masiva. La República del Ecuador y su presidente, el economista Rafael Correa Delgado, en el ejercicio de la presidencia pro témpore de la UNASUR en 2010, además de promover entre los países miembros la ratificación del Acuerdo Constitutivo, activó los consejos temáticos de Unasur, que suman siete: consejos sudamericanos de: Salud, Desarrollo Social, Infraestructura y Planeamiento; Narcotráfico, Defensa y Temas Energéticos. La emergencia provocada por la gravísima crisis humanitaria devenida del terremoto de 12 de enero de 2010, en Haití, provocó que la entidad no esperase a constituirse en persona jurídica de Derecho Internacional para actuar en la comunidad internacional, en pro del hermano pueblo de Haití. De hecho, después de la visita que el presidente Rafael Correa realizara a Haití, el 29 y 30 de enero, la reunión presidencial de Unasur convocada por el Presidente ecuatoriano para el 9 de febrero, en Quito, aprobó crear un fondo de la Unasur, con un monto inicial de cien millones de dólares para financiar los equipos sectoriales que en las áreas de infraestructura, energía, agricultura y salud harían patente la cooperación sudamericana con el damnificado país. En el año, fue también capital la presencia de Unasur en el acercamiento entre los países hermanos de Colombia y Venezuela, así como en la defensa de la democracia ante el intento de golpe de Estado en el Ecuador. En este último caso, la Reunión del Consejo de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la Unasur, realizada en Buenos Aires, determinó no sólo la solidaridad de todo el subcontinente con el sistema democrático ecuatoriano, sino que fue una contribución definitiva al fortalecimiento de la democracia, al ver el golpismo definitivamente condenadas sus maniobras arteras contra la voluntad de los pueblos, a través de la cláusula democrática, aprobada como norma de conducta de los estados americanos, que manifiesta su enérgico rechazo e intolerancia a “cualquier nuevo desafío a la autoridad institucional o intento de golpe al poder civil legítimamente elegido” y, advierte, que en caso de nuevos quiebres del orden constitucional, los estados sudamericanos “adoptarán medidas concretas e inmediatas tales como cierre de fronteras, suspensión del comercio, del tráfico aéreo y de la provisión de energía, servicios y otros suministros”. A la par que pocos días atrás el presidente Correa colocara la primera piedra de lo que será la sede de Unasur, en el centro del mundo, junto a la línea ecuatorial, como un claro mensaje de que la entidad busca un equilibrio en las relaciones políticas y económicas en el planeta, queda claro que la Unasur al afianzarse como institución vigorosa, parte de una necesidad histórica común de los países de la América del Sur para ocupar, como bloque sólido y unificado, en forma creciente, un espacio en la arena política y económica mundial. El autor es embajador de Ecuadoren República Dominicana.

