EN RELEVO
Un ruido innecesario
El Vicepresidente no pudo expresarlo de mejor forma, cuando en torno al escarceo por las deudas de los empresarios de zonas francas con el Gobierno, señaló que en ese caso se está haciendo “un ruido innecesario”. Y es que primero ese programa de créditos, ideado por el Presidente a raíz de la crisis en la que se vio el sector a finales del año 2007, fue un éxito absoluto, pues logró que se preservaran decenas de miles de empleos en Santiago y en la región del Cibao. Segundo, y contrario a la idea que han querido vender algunos, de que los beneficiarios se han negado a pagar y pretenden “estafar” al Estado, la verdad es que una mayoría siempre honró sus compromisos con la banca comercial, y tras la ejecución de los avales gubernamentales, han reconocido sus deudas frente al Estado, y mostrado su disposición a pagar cada centavo que adeudan. Es cierto que algunos no pudieron cumplir, en muchos casos porque a pesar del intento gubernamental por salvarles, terminaron quebrados de cualquier forma. El Gobierno debe concentrarse en cobrar a los que están operando y dispuestos a pagar. Pues se trata de empresarios responsables, cuya actitud no es nueva, si no que desde el principio han estado por la labor de honrar sus compromisos. Una solo cosa, quieren pagar, pero bajo la premisa de que lo ideal es concebir un mecanismo que no los lleve a la quiebra. Ya que por ese camino, no sólo se preservarían los cerca de 30 mil empleos directos que representan, sino que también se validaría el sacrificio asumido por el Estado con el objetivo de salvar a una parte del sector. En ese espíritu han estado desde principios del pasado año. Y desde el Gobierno se ha reconocido la actitud y el esfuerzo de cerca de una decena de empresarios cibaeños, que llevan meses negociando formulas que les permitan amortizar sus deudas. Estos acuerdos están bien encaminados, y con ellos el Estado podría recuperar cerca de un 75% de lo adeudado. Un acuerdo que de alcanzarse, no sólo seria fruto de la verticalidad de las autoridades, sino también producto del sentido de responsabilidad y la rectitud, de esos mismos empresarios de zonas francas, a quienes hoy algunos pretenden denostar y estigmatizar.

