Matar a un juez
El pasado martes 22, Gloria Constanza Gaona Rangel fue asesinada de cinco balazos. Tenía 39 años, era madre de dos hijos, de 15 y 6. A los que ordenaron que la mataran eso les importaba muy poco Gloria Gaona era jueza; era la titular del Juzgado Penal Especializado de Saravena en el departamento de Arauca(Colombia), fronterizo con Venezuela. Por esto fue que mandaron matarla: tenia en sus manos varios procesos por rebelión contra miembros de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional y otros grupos armados ilegales y últimamente un caso por violación y posterior asesinato de tres hermanos menores contra un grupo de militares. En cada una de estas carátulas hay que buscar los asesinos. Sobre el motivo no hay dudas: conseguir impunidad. Ese fue objetivo de quienes mataron a la jueza Gaona Rangel. Pero su crimen no termina con la injusta y brutal muerte de la magistrada, sino que ese es el principio de un mensaje siniestro cuyo efecto, en la concepción de esas mentes turbias y enfermas, pretende ser multiplicante. Se mata al juez para que no ejerza justicia, para que no cumpla con su funcion, pero a la vez se le envia una severa amenaza al resto de la judicatura, para que sepa cuales son “los riesgos” a que se somenten jueces y fiscales que hacen honor a sus juramentos. Matan y amenazan para generar miedo y quebrar al sistema Judicial y como consecuencia derivada y final, se priva a la sociedad de esa garantía máxima que es su última reserva para el amparo de sus derechos y libertades. Algunas cifras confirman esta siniestra conducta y sus bastardos fines, desde 1989 se registran por lo menos 700 amenazas contra jueces y fiscales y el asesinato de 287 funcionarios judiciales. En los ultimos 4 años han sido asesinados 5 jueces. Algo parecido a lo que pasa con los jueces ocurre con los periodistas. Tambien cuando se asesina a un periodista, el quitarle la vida es el principio del mensaje, a partir de ahi, lo que buscan sus asesinos es que el resto de su colegas se autocensuren y que como resultado final la sociedad no sea informada. Esto resulta algo curioso, sobre todo porque la mayoría de las veces jueces y periodistas como que se miran de reojo. Y no debería ser así. Es cierto que los tiempos de cada profesión – las urgencias del periodistas de dar la información al momento que se conocen los primeros hechos y las necesidades judiciales de actuar con prudencia y reserva para el éxito de las investigaciones- provocan roces, pero de todas formas son parte del buen conflicto democrático, que siempre debería ser llevadero. Lo que unos y otros debería estar atentos siempre es a lo que apuntan dictadores, totalitarios y el crimen organizado: esto es a la informacion y a la justicia. Eso es lo que le quieren quitar a la gente. Eso es lo que quieren tener en sus puños. Dados los riesgos, no convendria entonces, que jueces y periodistas, naturales custodios de esos bienes se distrajeran mucho, peleádose entre sí por cuestiones menores.

