ORLANDO DICE

Las heridas del alma requieren más tiempo para ser curadas

ELEGÍALa opinión pública apuesta como siempre a la división del PRD, aun cuando conoce por muchas otras experiencias que la crispación es parte de la naturaleza de sus procesos de selección de candidatos. La actual situación no es en más ni menos diferente a las que fueron superadas en el pasado. Miguel Vargas e Hipólito Mejía no responden a designios superiores ni hay condiciones para imponer resultados al margen de las urnas. Incluso, se olvida que uno y otro ganaron competencias sin mayores cuestionamientos y que era previsible un choque de trenes. Los trenes no chocaron, no hubo que llamar ambulancias, pero sí hay que acogerse a un tiempo de observación. Las heridas del cuerpo se curan rápido, el médico despacha al interno en dos o tres días, pero las del alma no. Estas necesitan algo más que convalecencia. La foto que se publicó del acto en que Vargas mostró las razones de su enfado y resistencia, lo dijo todo. La mesa principal parecía una escena de teatro griego, en que los actores entonaban la más conmovida de las elegías. Nunca un velorio fue tan triste. La presencia del siquiatra fue la más acertada de las providenciasÖ LAS COMILLASLos propios medios que vaticinan la división del PRD, y que lo hacen tomando en cuenta que los seguidores de Miguel Vargas compraron todos los boletos, se ocupan de que el premio se entaquille. Fueron al performance de Vargas y escucharon sus alegatos con la debida atención, pero al reseñarlo no le hicieron justicia. Cuando se refirieron a las evidencias, pusieron comillas, y lo mismo en pruebas. Es decir, que el candidato derrotado del partido blanco declamó en el desierto, falló en su propósito: no convenció de que su causa mereciera una validación más allá de sus filas. Y no podía ser de otro modo. Su propio jefe de campaña, Alfredo Pacheco, toma distancia, y muchos de sus cuadros, o juran lealtad al ganador o se recogen con prudencia. Para pelear se necesitan dos, y una de las fuerzas luce más menguada cada vez, con el ánimo en el suelo y con la disidencia corroyendo sus entrañas. La cuestión es clara: no logró ganar adentro, pero tampoco ñni siquierañ confunde afuera. Cuando la mala suerte llega como quebranto, no hay jugador que la resista... EL JUGADOREl apostador de raza no disfruta ganando, sino jugando, sin importar los riesgos y las pérdidas. ¿Es Miguel Vargas un jugador compulsivo? Su hoja de vida en los negocios dice que no, que siempre va a lo seguro. En política parecía que sí, pues la derrota del 2008 le sirvió de aliento. La candidatura siguiente era pan comido y la jefatura del partido era la mantequilla que hacía más fácil la deglución. Sin embargo, los últimos resultados no se corresponden con su buena estrella. Por ejemplo, la consulta a dirigentes. Dicen que la convocatoria desbordó lo esperado, pues mil quinientas sillas que ocupaban el salón no fueron suficientes y hubo que buscar más. Aunque ese escrutinio es lo más parecido a una ruleta rusa, puesto que no se conoce por anticipado la opinión de los compañeros. Se piensa que la mayoría marcará el cuatro: la proclamación de Vargas como candidato, que es la propuesta extrema, pero igual podrían rayar el dos de negociación con Hipólito Mejía, que sería la intención oculta. Como todo es un juego, no puede descartarse el billar... ASPECTOSAunque en la consulta hay dos aspectos a resaltar. El primero, la ausencia de una línea de acción de parte de la dirección del movimiento, y segundo, la tomadura de pelo a los dirigentes medios o a las bases. Si se consulta es porque no se tiene claro el cometido o se teme que la reacción no sea la esperada. Con lo cual se pone en entredicho el liderazgo, que cuando no tiene horizonte se impone de arriba hacia abajo. Lo contrario es un vicio de democracia, que algunos llaman democratismo, pero que no aprovecha en masas tan emotivas como las perredeístas. Ahora ¿cómo se moviliza gente desde apartados rincones del país para después dejarla en la estacada? Tal vez no se tenga una decisión, pero no hay duda de que se busca una salida. Vargas no sería perredeísta de verdad si se cierra a cal y canto y no se acoge a las rogativas de núcleos sensatos que consideran posible arreglar la carga en el camino, o que no hay manera de que pueda imponer locuras. O propias o ajenas. La actual circunstancia no deja alternativa...

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