PANCARTA
Yemen reafirma la falacia de la guerra
La guerra que testimonia el mundo sigue al fuego vivo en Libia, bajo la acción bélica de las potencias aliadas contra Mohamar Gadafi, acusado de violar los derechos de los civiles. El concierto de atacantes lo mandan los “dueños” del mundo, creídos infalibles y dignos de atronadores aplausos. Esos dueños tienen subordinados a su jerarquía a países de “segundo piso” sin poder de decisión, que aportan los nombres de sus respectivas naciones, equipos, armamento de guerra y compañías de oficiales con un papel “decorativo” mayormente. Un ejemplo de lo último lo ofrece España, cuyo parlamento aprobó casi a unanimidad participar la guerra, con tiempo por definirse. Había que ver a los efusivos líderes invocar los derechos de los civiles libios, pero con un zipper virtual que les “impidió” abrir la boca para referirse a los derechos de los civiles de Yemen y de Bahréin. Los críticos especulan que esos congresistas pudieron ser víctimas del alemán aquél. Para que el espectáculo cayera en el precipicio de lo deprimente, al cierre emergieron cuatro ciudadanos con el desagravio a su Patria y el espíritu de José Martí encendido en sus adentros: ¡No a la guerra! proclamaron voz a cuello. Confirmaron que cuando hay muchos congresistas sin decoro, unos cuantos ciudadanos tienen el decoro que representa a todos los españoles. ¿Por qué Yemen y Bahréin demuestran y reafirman las groseras mentiras de la guerra contra Libia? Primero porque de ser tan respetuosas de los derechos, las potencias occidentales hubieran convocado “de emergencia” al Consejo de Seguridad de la ONU para defender a los ciudadanos de Bahnréin y Yemen atropellados, robados y sacrificados por sus respectivos gobiernos, uno con 200 años en el poder y el otro con más de 40. Pero ellos dicen que en dichos países no hay que rescatar ninguna democracia porque está garantizada por muy buenas manos. Son los mismos clanes que manejan el petróleo al servicio de sus respectivas oligarquías y monarquías, con el usufructo de las transnacionales y grupos de poder “In Usa”. Petróleo y petróleo, son las motivaciones básicas de lo que sucede en Libia. Por cierto, en una edición poco creativa, porque reproduce formatos y pretextos conocidos por los dominicanos en 1965 con guerra de Abril sofocada por 42 de mil marines norteamericanos.

