REFLEXIÓN DEL ALMA
El profesor haitiano
La vida marca los designios humanos con obligaciones impostergables, cuando la dignidad se levanta con fuerza inextinguible, dignificando el dolor en el fondo de la existencia. En declaraciones del profesor universitario haitiano Poul Joseph, es impresionante la incertidumbre del dominicano ante esas manifestaciones ofensivas e inaceptables para República Dominicana. Refutamos responsablemente esas declaraciones desagradecidas, para una nación que ha hecho lo imposible por socorrer a Haití, sin tener condiciones al alcance de sus pretensiones salvadoras, consciente que nuestra economía en el presente no está para distraerla por nada, ni por nadie fuera de la patria. El pretencioso profesor es un historiador, un hombre supuestamente culto que debía ponderar la historia de ambas naciones antes de hacer declaraciones interesadas, que lo distancian automáticamente de esta nación, aún después de excusarse por lo expresado. Señor historiador, una excusa se la lleva el viento, una amenaza contra la nación hiere la Patria. Es difícil borrar esa ofensa a la nación dominicana. Ignoro por qué no fue inmediatamente declarado persona no grata, por atentar contra la paz y la permanencia definitiva de la nacionalidad dominicana. Un historiador debe conocer lo omitido por conveniencia, que le recordaré: el 27 de febrero de 1844, Ramón Matías Mella disparó el trabucazo anunciando la libertad de nuestra nación, así como el nacimiento de la República Dominicana, no de La Española. Señor Poul Joseph, no hable de la historia, que si Colón llamó a la isla La Española, cuando éramos Quisqueya, la libertad dada en 1844 nos situó, donde existimos por nuestra propia valentía; somos y seremos la República Dominicana, porque supimos liberarnos de la opresión haitiana y lo haremos nuevamente si fuera necesario. Nadie discute el nombre de República Dominicana, sólo usted, si se atreve a venir a un país amigo a atentar contra su soberanía, irrespetando este país, sepa que quien no respeta esta nación no la debe pisar. Usted está interesado en apoyar al candidato presidencial Michael Martelly, hombre desubicado, porque en lugar de inicarse como político mostrándole a su pueblo desorientado el buen camino, trata de ascender a la presidencia incitándolo al vandalismo, en la creencia que la salvación de Haití es la unificación de ambas naciones. Están equivocados, los dominicanos somos generosos pero no cobardes. Si Haití nos oprimió por 22 años, se derramó mucha sangre por nuestra libertad, que sostendremos más allá de la muerte; no soportaremos presiones de esa índole, ni profesores que nos traigan cantos de sirenas, mucho menos amenazas para luego arrepentirse. Intégrese a Haití, mejor enseñe a sus conciudadanos oficios distintos que depredar tierras ajenas como lo hicieron con la suya; ahora ante su devastación, cruzan la frontera, esa que usted irrespeta, depredando nuestra tierra para llevar carbón a su arrasada nación. Lástima que haya venido en actitud de paz, a levantar el nacionalismo patriótico dominicano, no exponga su país tan necesitado de humanidad a una lucha desigual, porque este es una nación triunfadora, señor historiador. Mida a ambas naciones si gusta, a partir de nuestra independencia de 1844, Haití pequeña con hombres trabajadores pudo ser una tacita de plata; sin embargo, no ha sido así. No hablo del infortunado terremoto que puede sucedernos a nosotros en cualquier momento, hablo de la depredación que ha sometido su nación a la nada; a diferencia de la nuestra, que exhibe una real evolución. ¡Qué Dios los ayude a encaminarse por el mejor de los senderos, quitando de su mente guerra y muerte, que no es conveniente para ninguna nación! Mantendremos las mismas relaciones, siempre y cuando respeten a la República Dominicana, como nosotros respetamos a su país.

