EN LA RUTA
Cincuenta
Tal y como debía ser, los cincuenta años de ordenación como sacerdote del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, ha sido una gran celebración. Alegría que desbordando los litorales eclesiásticos es asumida con igual gozo por toda la sociedad. Lo acontecido el pasado viernes en la Catedral Primada de América, describió en mayúsculas el reconocimiento que el país le tiene al cardenal. Una distinción que él se ha ganado no solo por su labor religiosa sino como ficha importante de todo cuanto significa el ajedrez nacional. Al margen de su labor como pastor de almas y ejecutivo del organigrama papal para la administración de la Iglesia, López Rodríguez ha estado presente en casi todos los momentos fundamentales que ha tenido el país en medio siglo. Su voz se ha hecho sentir según lo han demandado las circunstancias y en su momento ha tenido que ser fuerte y vertical. Nacido en La Vega, hace 74 años, Su Eminencia Reverendísima sólo le teme a Dios y en tal virtud nunca ha medido riesgos para enfrentar lo mal hecho ni para decir lo que él entiende que es lo correcto. Sin embargo, en el también Arzobispo de Santo Domingo y actual presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano existen rasgos que lo hacen muy especial. Uno de ellos es su accesibilidad y otro su gran capacidad comunicativa, aunque de lo más resaltable sigue siendo su ilustración, su pragmatismo y su extraordinaria capacidad de trabajo. Y es que aparte de haber sido obispo de San Francisco de Macorís, Arzobispo Metropolitano, Cardenal, presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, de la Dominicana (en dos ocasiones) y encomendado papal en diversas oportunidades, López Rodríguez también preside Televida el canal televisivo de la arquidiócesis y conduce dos programas de televisión. Todo esto sin descuidar su calendario de misas y la supervisión de 212 parroquias, cinco seminarios, 58 centros de formación, 16 guarderías, 5 hogares de ancianos, una estación de radio y 87 centros de salud que pertenecen a su arquidiócesis. Frutos que empezaron un sábado 18 de marzo de 1961, hace cincuenta años con el padre Nicolás y que con Dios delante, seguirán por mucho tiempo.

