¡La propuesta de Fausto es buena!
El comportamiento de un partido político tiene mucho que ver con sus integrantes, su cultura, su modo de enfocar la vida, su concepto ideológico, los intereses que representan, pero sobre todo con el grado de madurez que hayan alcanzado frente a sus responsabilidades históricas. El legado fundamental que el doctor José Francisco Peña Gómez, le dejó al PRD, fue la necesidad de garantizar, aún en las peores circunstancias, la unidad partidaria. Peña Gómez hizo la proeza de unificar un partido desgarrado por las luchas internas, que llegaron al extremo de inficionar en su cuerpo de militantes y simpatizantes, la fuerza desintegradora del fanatismo a ultranza. El riesgo de abrir las compuertas de la democracia interna asumido por Peña Gómez en 1977, al proclamar cinco pre candidaturas, se fundamentó en la necesidad, visualizada por el líder, de conquistar el poder en mayo de 1978, con una plataforma dirigencial con vocación presidencial. Una de las deficiencias de imagen que tenía el PRD de entonces, era la orfandad de prestancia o de figuras en términos políticos que pudiesen ofrecerle al electorado, la perspectiva de un equipo gobernante. Al dividirse el PRD a finales de 1973, prácticamente el ochenta por ciento de la intelectualidad progresista, de los técnicos y profesionales, de la gente que simbolizaba las ideas del cambio avanzado y consecuente, había cerrado filas con el profesor Juan Bosch. La idea de proyectar cinco pre candidatos presidenciales dinamizó el partido, desató fuerzas internas y externas en un ejercicio de la democracia desconocido hasta entonces en la partidocracia dominicana. La imagen de un PRD que contaba con recursos humanos suficientes a nivel de Estado se logró concretar alrededor del lanzamiento de los presidenciables. El costo o saldo negativo de esta propuesta lo constituyó el abuso de la democracia, la corrupción populista que implicó para la sustentación de esos presidenciables el financiamiento de sus proyectos. El PRD tenía un gran líder pero carecía de una fundamentación ideológica y de una voluntad política centralizada como la que tuvo con Bosch y con Peña Gómez. De ahí el ingreso a la Internacional Socialista en 1976, que constituyó un esfuerzo de Peña Gómez para darle sedimentación estructural en términos de pensamiento y validación teórica al PRD. Pero ese esfuerzo que traduce a la vez la inserción de una herramienta de trabajo que le otorga coherencia y seguimiento a ideas sociales de reforma y transformación social, no puede reducirse a ceremonias protocolares o a una filiación de planilla. Es otra de las herencias de Peña Gómez dejada para que el partido no degenere en una asociación de buscavidas u oportunistas de todas las franjas del poder político del Estado. Luego de la exitosa y concurrida “Convención Extraordinaria Ángel Miolán”, la tarea central de todos los perredeístas es salir adelante apelando a la experiencia histórica. Mi amigo y compañero Fausto Liz, me visitó recientemente preocupado por la actual situación de confusión y me planteó que la única salida posible consiste en que tanto Hipólito Mejía como Miguel Vargas, pacten una unidad monolítica sobre la base de un programa social de gobierno, de contenido ideológico social demócrata. Que ambos dirigentes comparezcan ante el país y sellen la unidad partidaria de cara a la nación, haciendo una propuesta nacional frente a los problemas más acuciantes, que propongan correctivos y soluciones, así como la manera de abordarlos, con espíritu crítico y con una oferta de participación plural, amplia, tal y como lo hizo Peña Gómez en las elecciones de 1994. Si tanto Hipólito como Miguel, establecen el nivel de sus responsabilidades históricas ante el pueblo dominicano, dejando atrás querellas pequeñas, que por dolorosas que puedan parecer no pueden obstruir la voluntad y el deseo de los trabajadores, campesinos, profesionales, chiriperos, empresarios, de procurar el cambio de esta administración cuyos fracasos reiterados hacen inevitable su desplazamiento del poder, ambos dimensionarían su figuras y aportarían una salida real a la crisis actual. La idea de Fausto es buena, él es perredeísta, le duele este partido, pudo haber estado con uno u otro precandidato, pero en estos momentos piensa predominantemente en el país, en la sociedad dominicana, en los vientos de fronda que soplan empujando al PRD hacia el Gobierno en el año dos mil once, tal como se sintieron esos vientos el pasado 6 de marzo, natalicio de José Francisco Peña Gómez.

