ORLANDO DICE
El memorial de agravios por resultados de la convención
EL AMANECER Decía con frecuencia Juan Bosch que nunca era más oscura la noche que cuando iba a amanecer. En el caso de la convención del PRD parece que más o menos ocurre igual. Ahora que Miguel Vargas se apresta a amanecer, haciendo pública su posición final, el debate sobre el controvertido proceso se torna más confuso, ríspido y desconsiderado, como si fuera una lucha a muerte entre gladiadores y no una competencia entre hermanos de una misma familia. Lo que en principio fue político al final se convierte en personal, pues cuando los temperamentos fuertes e irreductibles entran en escena, salen huyendo las buenas maneras. La consulta fue ejemplar para quienes la vieron desde fuera, y eso se le reconoció a la Comisión Nacional Organizadora y al PRD, que se superaba con creces. Pero lo que se está viendo desde la mitad de la semana pasada es perredeísmo del viejo, del malo, del que se considera una afrenta a la democracia. Con insultos no se resuelve nada, y muy al contrario, se ahondan las diferencias y se agravan los problemas… ORTIGAS La Comisión Nacional Organizadora se dejó provocar por los desaprensivos que existen en todos los conglomerados humanos, en este caso en el grupo de Miguel Vargas, y el debate posterior a las votaciones y sus resultados perdió perspectiva, sentido y sobre todo razón. Ahora ese sector se sorprende de las respuestas que da Enmanuel Esquea Guerrero y de las acusaciones que lanza sobre supuestos planes, que no es ni puede ser su tarea, pero dicen que cuando hay mucho calor hasta el Diablo se queja. A Esquea los seguidores de Vargas le dieron fuego por arriba, por abajo y por los lados, y lo hicieron porque sabían que no era una olla que aguantara mucha combustión. Que la presión bien puesta lo iba hacer estallar. Pensado, y hecho. Nunca Esquea fue más Esquea que ahora, y parece que el encono no es tanto por lo que le dicen en los medios, como lo que se comenta maliciosamente entre compañeros. Vargas no le dio la consabida rosa blanca, que lo caracterizó en una pasada campaña interna, sino que para él y los demás miembros de la CNO cultiva caldos y ortigas… LAS RESERVAS La aprobación de Enmanuel Esquea Guerrero no fue cosa de un día ni de dos, y las reservas no eran porque se sospechara parcialidad, sino por un rasgo maldito de su personalidad: cuando muerde no suelta, aunque le reclamen los cielos. Se pasa de carácter y clínicamente lo consideran sicorrígido. Bien, que no fuera suyo todo el poder, que compartiera juicio y dominio, y encontraron la fórmula perfecta en un triunvirato tan avenido que las decisiones se tomaban a unanimidad. Al bando que no le gustara Esquea, ahí estaba Milagros Ortiz, y si ninguno de los dos, Hugo Tolentino, y si se quería un sabor adicional, Quico Tabar. O Galatea. Ahora resulta que Esquea se comportó como un dictador, que daba boches e imponía su criterio a voluntad, pues su propósito era engrandecerse. Se suponía que organizar la pasada convención era una alta responsabilidad y que cumplirla era ser fiel a la encomienda. Por ejemplo, se le critica que fuera inflexible en la fecha, aun a sabiendas de que el tiempo era corto… EL AGRAVIO El problema de estas discusiones sin finalidad propia es que empiezan con una queja o acusación, y al transcurrir se van ideando otras, y al final, si se hace un inventario, constituye todo un memorial de agravios. La principal querella es que Esquea y la Comisión no hicieron un cruce real y profundo del padrón de la Junta Central Electoral y eso permitió que muchos peledeístas votaran a favor de Hipólito Mejía. Si se hubiera aceptado, como propuso Virgilio Bello Rosa, alargar la fecha de la convención para hacer un arqueo más riguroso, ese despropósito no se hubiera llevado a cabo. Bien, pudo ser. Ahora, dentro de las murallas del grupo de Miguel Vargas ya no se dice eso. Se habla de “los cómputos del bandido de Esquea”, y en esa contabilidad amañada Vargas fue burlado en algunos lugares de San Cristóbal, Azua y San Francisco de Macorís. Por poner tres ejemplos. La cuestión principal muda de naturaleza. No es que hubo peledeístas que votaron, sino que Esquea cambió los números para favorecer a Mejía. El problema no es de gatos, sino de macuto…

