Críticos labran el terreno de la reelección

Quienes más y acerbamente critican la posible reelección del doctor Leonel Fernández a la Presidencia de la República, son los que más la propician con sus actos e inconductas políticas. Y lo mismo aplica para los principales líderes del PRD y demás fuerzas opositoras en el plano partidario, así como también a la sociedad civil antileonelista y a los hacedores de opinión pública inficionados por intereses personales o corporativos. Los medios informativos y electrónicos constituyen ejemplos vivos de estas manifestaciones, con argumentos que van de un extremo al otro de los conceptos relacionados con la institucionalidad, la sanidad política, los compromisos de alternancia y la rara e increíble advertencia, por provenir de esas fuentes, de la necesidad de preservar ese bien político que representa Leonel. Hay que estar vivo para leer o escuchar ciertas cosas. Lo que no es esperable de esos sectores, porque sería el colmo del cinismo, es propiciar las opciones opositoras al poder, sobre la base de que representan la garantía para “proseguir el desarrollo económico y social con estabilidad y la consolidación institucional tangibles que hoy atesoramos. Ha sido necesario que cientistas sociales al estilo de Frank Moya Pons, historiador de reconocida reciedumbre e imparcialidad, nos certifiquen con cifras y comparaciones generacionales de ambientes, existencia de infraestructuras básicas y sectores económicos surgidos y ya madurados, para que hagamos conciencia de cuánto hemos avanzado. Somos el sexto país latinoamericano de mayor densidad vial, con más de 18,000 kilómetros; el parque vehicular es de 2 millones 570 mil unidades hace un año; de 1986, cuando solo teníamos 253 mil líneas fijas de teléfonos, hoy pasamos a un ciento por ciento de densidad telefónica, pues disponemos de 9 millones 412 mil teléfonos, más que toda la población nacional de 9.3 millones; el turismo, que era una actividad marginal a inicios de la década de los 70 y hasta 1985 sólo disponía de 7,000 habitaciones, ahora cuenta con 77,000 mil, con proyectos en construcción que elevarán ese total a 123,000, con mucho, el mayor aportante de divisas de la nación. Todavía sin completar el análisis de las transformaciones nacionales, Moya Pons afirma acerca del turismo: “…No hay dudas de que ha sido un importante factor de movilidad horizontal al estimular intensos flujos migratorios dentro del país, lo mismo que la movilidad social vertical pues ha obligado a miles de jóvenes de ambos sexos a capacitarse para incorporarse al mercado laboral en un sector que ofrece salarios relativamente más altos que otras actividades, y abre horizontes culturales más amplios que las actividades tradicionales”. El historiador refiere el cambio trascendente de la infraestructura vial de carreteras y caminos vecinales que han impulsado la industria, la producción y el comercio. “Esto se observa también en la construcción del metro de Santo Domingo, en años recientes, que ha contribuido a la modernización del transporte”. Hecho este imbatible testimonio, nos asalta la preocupación de hacia dónde conducir las riendas de la nación, si cada una de las opciones que se presentan con mayor posibilidad de alcanzar el poder, en estos momentos, de dentro y de fuera, accionaron para impedir que estas obras fructificaran, en especial el Metro. Debemos recordar que fue Hipólito, el casi seguro candidato del PRD, la mayor fuerza opositora, quien predijo que rellenaría los túneles de tierra para sembrar yuca y batata; que haría caso omiso a la proliferación de centros computacionales que sólo servían para jugar Nintendo; que por falta de supervisión y experticio en políticas monetarias y financieras (las cuales se dirigían por refuerzos traídos del mismo mercado financiero) fueron dejadas al libre albedrío, causando la pérdida del 22% de toda la riqueza nacional levantada en 500 años de trabajo y esfuerzo; que dejaron enraizar y consolidar el narcotráfico hasta penetrar todas las instituciones del Estado. La nación dominicana ha sido puesta ante una grave disyuntiva: la necesidad de dar pasos políticos resolutos y firmes para garantizar la continuidad del progreso. Para ello hay que vencer dificultades, no obstáculos institucionales insalvables.

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