Lo que pasó en el PRD
El pasado domingo 6 de marzo el Partido Revolucionario Dominicano celebró su convención nacional para elegir el candidato presidencial de esa organización, con un padrón electoral de más de 5 millones de ciudadanos habilitados para votar sin ningún tipo de restricción. La comisión nacional organizadora, encabezada por el Dr. Enmanuel Esquea Guerrero, recibió un mandato expreso del comité ejecutivo nacional del PRD, de que del padrón de la Junta Central Electoral fueran excluidos los militantes, o simpatizantes, inscritos en el Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Reformista Social Cristiano, a fin de que ninguno de estos partidos, a través de su militancia, pudiera escoger su candidato presidencial preferido dentro del partido blanco. De forma inconcebible, la comisión organizadora de la convención del PRD, para hacer la resta de los militantes y simpatizantes del PLD, tuvo como referencia un padrón viejo (del año 2002) en el que aparecían como peledeistas la cantidad de quinientos veintitrés mil ciudadanos, contrario al padrón del partido morado usado en el año 2007 (que es el actual, el mismo que se va a usar próximamente para elegir su candidato presidencial), que tiene más de dos millones de ciudadanos inscritos como miembros de ese partido. A mi juicio, ahí está el eje central del “maco” que significó la supuesta votación de más de un millón de ciudadanos en las primarias internas del PRD del 6 de marzo. Consciente o inconscientemente, la comisión organizadora de la convención del PRD habilitó a un millón quinientos mil miembros del PLD, para que pudieran votar en su convención del 6 de marzo, suma que representa la resta de dos millones del padrón actual a los pocos más de quinientos mil del padrón del 2002. Este hecho fundamental, fácilmente comprobable, facilitó el voto masivo de miembros del PLD para determinar quién sería el ganador de la contienda interna del 6 de marzo, sin que esto haya sido un hecho que se le pueda atribuir como una maldad política al Partido de la Liberación Dominicana y a su comité político, sino principalmente a un error garrafal de la comisión organizadora de la convención del PRD, que no podía ser tan cándida de ignorar que el padrón del PLD había crecido de quinientos mil en el 2002, a dos millones al 2007, lo que era y es un hecho público notorio. Los miembros del PLD inscritos en su padrón simplemente podían verificar al través de los números telefónicos puestos a su disposición por el PRD, de que no tenían restricción u objeción para participar en las primarias del PRD, lo que fue evidentemente aprovechado de forma mayoritaria por Hipólito Mejía y su grupo PPH, en combinación con algunos altos funcionarios peledeistas, con los cuales venían trabajando desde las elecciones congresionales y municipales del 2010. ¿Para qué lado se inclinó ese masivo voto peledeista? No hay que ser un experto, ni un genio, si queremos hablar la verdad a la nación, para saber que toda la comunicación social ligada al Partido de la Liberación Dominicana y al gobierno, se inclinó claramente por la opción de que Hipólito Mejía, el candidato más vulnerable del PRD, fuera el ganador. Ese es un hecho que no lo puede discutir nadie que haya vivido en este país en los últimos meses y que fue coronado con una avalancha de encuestas claramente vinculadas al gobierno, para apuntalar la victoria de Mejía y su PPH. Esa alianza de sectores oficiales con Mejía venía de viejo, y eso lo saben, como dice el pueblo, hasta los chinos de Bonao. Desde que Hipólito quedó habilitado constitucionalmente por la reforma del 2009 para optar de nuevo por la presidencia de la República, diseñó un plan político de desplazar a Miguel Vargas Maldonado de su hegemonía en el PRD. Para lograr ese objetivo, tenía que producirse, como se produjo, una derrota senatorial vergonzante del partido blanco (para la cual trabajaron activamente con sectores del PLD), que creara una conmoción tal en ese partido que lo llevara a descreer de quien había dirigido ese proceso electoral, el Ing. Vargas Maldonado, y producir en esa coyuntura su resurrección política. Es por lo anterior que mientras el PRD reclamaba en la Junta Central Electoral por sus senadurías que entendía habían ganado, sobre sus cenizas electorales Hipólito Mejía en combinación con sectores del gobierno, lanzaba en el Teo Cruz su precandidatura, que fue evidentemente la preferida hasta el día de la votación, 6 de marzo pasado, hecho denunciado por quien esto escribe públicamente, en innumerables ocasiones. El mayor error del Ing. Vargas y la dirección del PRD fue no sancionar drásticamente por traición a los que habían trabajado para su derrota senatorial. Los dejó en el seno de la organización facilitando con ello que se repitieran, ya contra él, las combinaciones para despojarlo de la candidatura presidencial. Lo ocurrido en el PRD realmente no fue el fruto de una competencia democrática libre y soberana, donde un candidato subió en las simpatías sobre otro por el querer de las bases de su partido. Lo ocurrido en el PRD fue la repetición de su historia, en la que dirigentes importantes se han coaligado con sus contrarios, en famosas zancadillas, para lograr ventajas políticas coyunturales. Pese a toda la cháchara mediática que ha querido magnificar el supuesto triunfo de “Papá” (u otro apodo que anda quemando por lo bajo en boca del pueblo) y su supuesta asombrosa resurrección política, lo descrito es la triste realidad de lo ocurrido en el PRD.

