Los presos están manejando el asilo
Los recientes disturbios, en partes del mundo árabe, no sólo expusieron la atroz falta de desarrollo en esos países sino, además, dejaron en evidencia una cantidad de deficiencias fundamentales en el sistema internacional. Naciones Unidas, que comenzó su vida con pluralidad de naciones democráticas, ahora cuenta con una mayoría automática de naciones no-democráticas. El sistema internacional dictamina que, naciones árabes e islámicas y sus defensores reflejos tengan mayoría en casi todos sus organismos. Eso queda ampliamente demostrado en la desproporcionada cantidad de tiempo que pasaron condenando a Israel. Si alguna vez hubiera un ejemplo de los presos manejando el asilo, este es el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Ese organismo encubrió el registro de Derechos Humanos de algunos de los regímenes más represivos del mundo, mientras que, además, les proporcionó un foro para rumiar y condenar las acciones de Israel, una nación libre y abierta. El régimen libio, que actualmente está masacrando a sus ciudadanos en una desesperada tentativa de permanencia en el poder, buscó, con éxito, un sitio en el Consejo de Derechos Humanos recién el año pasado. La Resolución 60/251 de la Asamblea General de Naciones Unidas que creó el Consejo, declaró que cuando se eligiesen sus miembros los Estados-miembro de Naciones Unidas “debían tener en cuenta la contribución de los candidatos a la promoción y protección de los derechos humanos”. Solo a través de un vuelo de fantasía orwelliano podía haber sido considerada positiva la contribución de Libia a la promoción y protección de los derechos humanos. Los recientes acontecimientos lo hicieron y todo parece una broma enfermiza. Sin embargo, en una votación secreta, 155 estados votaron a favor de otorgar a Libia el codiciado lugar en el Consejo. Esos votos fueron otorgados a un país conocido por estar involucrado en ejecuciones extrajudiciales y juicio sumario, torturas brutales, incitación y ayuda al terrorismo internacional. Incluso actualmente, Naciones Unidas vaciló en su responsabilidad hacia el pueblo libio. Recientemente, decidió suspender a la delegación libia del Consejo, a partir que ñdespués de varios díasñ murieran cientos de libios. Incluso la Liga Árabe se movió más rápido que Naciones Unidas para suspender a Libia a la luz de la violencia impuesta por Muammar al-Qaddafi y su régimen. Hasta que los recientes acontecimientos agitaron el control del régimen de Qaddafi del poder, el Consejo de Derechos Humanos probó estar más que deseoso de pasar por alto sus atroces abusos a los derechos humanos. El consejo publicó hace poco un extenso informe, elogiando el registro de derechos humanos de Libia, con muchos en el consejo recomendando el régimen libio por cuestiones tales como su “democracia” y la “importancia que el país se adscriba a los derechos humanos”. ¡Qué chiste! Las recientes atrocidades de derechos humanos en Libia son solo el último ejemplo de cómo las dictaduras represivas distorsionaron la misión de su aparente organismo augusto. El boletín de informe (septiembre, 2010) de la organización internacional de derechos humanos, Freedom¥s House, sobre el Consejo halló que su “membresía se volvió cada vez más poblada por países autoritarios” ñincluyendo Arabia Saudita y Cubañ y “continúa con sus fallas en su habilidad para responder a las cuestiones relativas a derechos humanos más apremiantes del mundo”. El informe arremete contra el Consejo por su “foco desproporcionado sobre Israel” y por convertirse “en horrorosamente politizado y dominado por algunos de los oponentes más agresivos del mundo, en cuanto a los standards universales sobre derechos humanos”. En verdad, el régimen de Qaddafi está lejos de servir a la primera autocracia represiva en el Consejo de Derechos Humanos. De hecho, la mayoría de las naciones que hoy componen el Consejo ni siquiera son consideradas “libres” por el extenso y detallado sistema de ranking de Freedom House. Israel, por otra parte, está coherentemente calificado como “libre”. Muchos representantes de gobierno y comentaristas cuestionaron la no-conformidad de Israel con el Consejo de Derechos Humanos, en particular en sus indagaciones dentro de nuestras operaciones defensivas. Incluyeron la infame Comisión Goldstone y la así llamada “misión de investigación internacional independiente sobre el incidente de la flotilla humanitaria”, que examinó el intento de Israel de evitar quebrar su bloqueo marítimo legal por medio de activistas hostiles y violentos. A la luz de los recientes acontecimientos y del desgraciado registro de derechos humanos de muchos de los miembros del Consejo, debería considerarse una insignia de honor ser condenado por tal organismo. Si Qaddafi es el juez de lo que constituye el respeto por los derechos humanos, entonces considérennos, entre todas las democracias, culpables. La gente de nuestra región está hablando, en gran medida, acerca de la necesidad de libertad, transparencia y responsabilidad. Demasiados países en el mundo autorizaron la conveniencia política o financiera para colorear su juicio sobre la cooperación internacional. Es hora que todas las naciones decentes promuevan políticas para coincidir en una única agenda de derechos humanos, más que ser tomados por una penosa connivencia con los dictadores asesinos. El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas se demostró, a sí mismo, una vez más estar fuera de la evolución y el progreso de la historia. La gente de nuestra región merece más y se moviliza con lentitud y esperanza hacia un mejor lugar en Medio Oriente. Esperemos que, el Consejo, no continúe sirviendo como barrera a sus anhelos y expectativas. El autor es viceministro de Relaciones Exteriores de Israel.

