ORLANDO DICE...
Así nadie va a sacar del agua al ahogado...
El trabajo La Comisión Nacional Organizadora de la convención del PRD hizo su trabajo de manera encomiable, incluso impuso un precedente admirable al cumplir con los plazos acordados, a pesar de las dificultades que sin necesidad se originaron en el camino. Además, tuvo el coraje de asumir sus responsabilidades al máximo y no permitir que la institucionalidad del proceso naufragara en sus manos. Fue decente y prudente, pues puso en conocimiento de los candidatos los primeros boletines, antes de darlos a la opinión pública que se moría de ansiedad. La reacción soberbia de Miguel Vargas lo obligó a responder con autoridad, informando y proclamando al ganador, y por consiguiente, al candidato. Ahora los perredeístas podrán aprender del presente, lo que no habían podido del pasado. Si en consultas anteriores no se hubiera dejado espacio para las ñoñerías, o peor, las mañoserías, los affaires y los impasses que caracterizaban sus luchas, no hubieran ocasionado ningún daño. El ahogado podrá dar patadas, pero así nadie lo va a sacar del agua… La soberbia La soberbia de Miguel Vargas le hizo perder la perspectiva, y no se dio cuenta de que el éxito político puede obtenerse de golpe, pero no mantenerse a porrazos. Se afanó tanto de ganar arriba que no se dio cuenta de que iba consumiéndose abajo. Hipólito Mejía reconoce que a principio estuvo en minoría, incluso tan minoría para que se le considerara insignificante. Con ese dominio de estructuras y circunstancias, Vargas debió haber tendido un puente de plata y congraciarse con sus oponentes. Pero no lo hizo. Al contrario, aprovechó su fortaleza para imponerse como rey absoluto. Las ofensas son a veces el mejor soporte de la voluntad, y los ofendidos simplemente redoblaron el trabajo, y vieron con satisfacción la semilla prender y el árbol crecer, confiando en que más tarde o más temprano pasaría frente a sus casas el cadáver del enemigo. Vargas reacciona como fiera herida, pero todo cuanto se ve ahora era previsible. Las “bases” no se desesperaron y el pasado domingo lo agarraron manso en la llamada “bajadita”… Experiencia En una ocasión en que coincidieron casi simultáneamente Miguel Vargas e Hipólito Mejìa en Nueva York y sus alrededores, conté la experiencia y establecí la diferencia. Vargas usó su tiempo en juramentar los cuadros directivos de las seccionales que respondían a su proyecto. Eran tantos, o todos eran suyos, que competían entre ellos, sin otros contendientes, las posiciones de mando. Incluso, recogí el chisme de que los ascensos se daban dependiendo de la cercanía o distancia con el director de la orquesta del PRD en el exterior. Con Rafael -Fiquito- Vásquez. Mejía, en cambio, era un fenómeno en las calles. Por doquiera que iba los dominicanos residentes en la zona le salían al frente y le coreaban “Llegó Papá” como si se tratara de la última bachata del grupo Aventura. En New Jersey, recuerdo, hubo en ese fin de semana un desfile de dominicanos y la figura principal, sin habérsele convocado al efecto, lo fue Mejía. Es decir, que mientras Vargas era jefe del partido blanco en la Urbe, y disponía de sus organismos, Mejía por fuera provocaba un fervor y una adhesión que ahora acaba de confirmarse era firme… La encuesta La semana pasada se dio cuenta de una medición hecha en Nueva York en la que Miguel Vargas e Hipólito Mejía aparecían con un empate técnico. La diferencia estaba a favor de Mejía, pero era poca. Averigu¨é con perredeístas de la Urbe y me dijeron que sí, que existía esa correlación igualitaria de fuerzas. El problema era si llegaban finalmente a votar, pues el clima se mostraba inclemente. Los sufragios se dieron a pesar del mal tiempo y los perredeístas acudieron en masa –como nunca antes– y Mejía se impuso como estaba previsto. Incluso, llamó la atención de que en su mayoría los votantes fueran jóvenes. Es decir, que los seguidores de Vargas que tenían el control de las estructuras del partido allá fueron vencidos por los partidarios de Mejía, que eran totalmente ajenos a esos mandos. La situación fue la misma de aquí. Los directivos entraron en contradicción, no hicieron el trabajo como era debido, y se dejaron ganar la plaza con un voto no organizado y proveniente de las calles. El ritmo guloya de Llegó Papá se impuso a los amarres y discursos de ocasión…

