PENSANDO...
Sin retórica
En nuestro país la palabra austeridad desapareció del vocabulario popular. El nivel de vida de los funcionarios públicos es un ejemplo fehaciente de la injusticia social que vive la sociedad dominicana. La retórica florida ha sido el caramelo de convencimiento a una población esperanzada en un cambio de rumbo, donde la riqueza sea administrada con equidad y transparencia. Un país de casi diez millones de habitantes no puede estar sometido a tanto abuso, en base a elecciones que sólo han legitimizado a un grupo de políticos en la impunidad e inmunidad, creada por la misma claque que se protege y chantajea con expedientes dolosos repartidos entre sí, en contubernio con acciones delictivas fraudulentas. La gobernabilidad en este país se sustenta en el perdón, no en el castigo contemplado en la aplicación de la ley. Las declaraciones juradas de bienes son una burla a la sociedad, por la ausencia de voluntad política y judicial para enfrentar la corrupción; una práctica política al servicio del dolo. En cambio, hay voluntad para que los compañeritos gocen de todo tipo de privilegios y sobre todo, el de no caer presos. Lo más irritante es que parte del dinero del endeudamiento externo está en los bolsillos de funcionarios corruptos; un dinero que todo el pueblo tiene que honrar con el pago abusivo de impuestos, para que estos corruptos vivan en la opulencia, a costa de la baja calidad de vida de las grandes mayorías y de la cacareada estabilidad macro-económica. No hay ejemplos de austeridad: las alfombras rojas, las dietas de lujo, los viajes, las marcas, los festines, los carros de lujo, los exquisitos comensales y el nepotismo en la administración pública, son la constante de los que están montados en el carro del progreso de un grupo. La iglesia dominicana con responsabilidad ha levantado su voz del “basta ya”, una iglesia que ve en la feligresía las necesidades imperantes de justicia e igualdad social. Con discursos NO, con valores SÍ; con esos valores donde el respeto a los más necesitados sea la base del sistema democrático y donde la austeridad y equidad de los gobernantes sean la respuesta de futuro hacia un progreso sustentado en la igualdad social.

