Lionel Jospin: Un político moral
1 de 3 Cuando partí a principios de enero de 1983 para desempeñar las funciones de embajador en Francia, mi inolvidable y querido líder Peña Gómez me instruyó para que contactara de inmediato a los compañeros Antoine Blanca, consejero del primer ministro Pierre Mauroy y Nicole Bourdillat, secretaria de Relaciones Internacionales del Partido Socialista Francés. Nicole, bella e inteligente, fue una extraordinaria colaboradora de los latinoamericanos exilados o combatientes por la libertad en sus territorios patrios. Nicole adoraba a Peña, y por extensión, sentía gran respeto y admiración por los dominicanos. Una de las primeras visitas que me organizó consistió en conocer y saludar al primer secretario del partido, Lionel Jospin, quien se desempeñó a su vez, como Secretario de Relaciones Internacionales del PSF en los años 1979-1981. Jospin se convirtió en jefe del partido por voluntad de FranÁois Mitterrand, quien lo escogió como su director de campaña en el Congreso de Creteil de 1981, en el cual al futuro presidente francés se le otorgó la candidatura de los socialistas. Nicole me comentó que Jospin era un político íntegro, moderado y de gran formación. El encuentro se produjo en la casa de los socialistas en París, en el 10, Rue Solférino. Jospin me impresionó gratamente. Inmediatamente destacó sus relaciones de amistad con Peña, considerándole un líder de dimensión mundial. Expresó su disposición de colaborar con la misión que se nos había encomendado y se felicitó de la decisión del líder máximo del PRD, de señalarnos como su representante ante los hermanos socialistas franceses. Desde el primer momento observé en Jospin gestos y expresiones de un hombre de academia que al incursionar de lleno en la política, no había perdido las referencias conceptuales de un profesor. De hecho, Lionel, como todo gran líder francés, tuvo experiencia variada en la función pública, después de haberse graduado en el Instituto Político de París, estudió en la prestigiosa ENA (Escuela Nacional de Administración), centro de las élites francesas, de 1963-1965 en que se graduó con altos honores. De inmediato pasó a ocupar un puesto en el Ministerio de Relaciones Exteriores, después de los acontecimientos de mayo 68, época en que se desempeñaba como director de cooperación económica, siendo Maurice Couve de Murville ministro, quien sería después primer ministro del presidente Georges Pompidou, Jospin renuncia e ingresa a la Universidad París XI como profesor asociado de economía 1970-1981. Paradójicamente no ocupó ninguna función ministerial ya que Mitterrand lo prefería en el partido, veía en él un organizador de gran disciplina, capacidad de trabajo y apertura de espíritu para tratar con los aliados presentes y futuros del PSF. Ocupado por las tareas propias de todo nuevo embajador, me sorprendió la celebración, del 28 al 30 de octubre de 1983, de un nuevo congreso en Bourg-en-Bresse. Esta ciudad es famosa en el mundo gastronómico por poseer el famoso pollo de Bresse, de plumaje blanco, patas azules y cresta roja, de carne firme y sabrosa. Me trasladé de París a la sede del congreso, conduciendo mi propio automóvil, en compañía de importantes líderes latinoamericanos entre ellos el recordado Héctor Oquelí, dirigente del frente Farabundo Martí, secuestrado y asesinado en 1990 en Guatemala, cuando se dirigía al aeropuerto acompañado de Gilda Flores, abogada guatemalteca. Oquelí, amistoso y valiente, se desempeñó como viceministro de Relaciones Exteriores de El Salvador y miembro de la comisión político-diplomática del FDR/FMLN. Durante las varias horas del trayecto hicimos un repaso de todo el panorama latinoamericano, en plena época de guerra fría. Jospin fue reelecto como primer secretario, después de grandes esfuerzos para lograr una declaración unitaria ñla síntesisñ entre las corrientes que prevalecían en el partido. Había mucho temor por el enfrentamiento soterrado entre Michel Rocard, Jean-Pierre Chevenement, y otros. Sin embargo, la racionalidad de Lionel y el apoyo de las distintas federaciones partidarias, lograron la famosa síntesis. Lionel, de familia protestante y socialista, no era el tipo de orador que inflamaba el auditorio como Mitterrand o Felipe González, pero podía desmenuzar un tema con diversos y variados argumentos lógicos. Los debates del congreso eran conceptuosos y pedagógicos. Como representante de Peña y en mi condición de embajador, durante la mañana, la tarde y la noche, no me perdía un sólo tema, aunque aproveché el pollo de Bresse al máximo. Nuevamente, los días 11-13 de octubre de 1985, el PSF realizó su congreso en Toulouse, la sede de la aeroespacial donde obtuvo su acta de nacimiento el desaparecido avión Concorde, y en la cual se ensamblan los aviones Airbus, como es el caso del avión de largo alcance A380. Además, conocida como la Ciudad Rosada, por el color dominante en los edificios antiguos, hechos con ladrillos vistosos, y por el famoso cassoulet toulousain, guiso que se prepara sobre la base de habas, alubias y carnes, bautizado como el “espíritu de Dios”. Lionel iba a ser reelecto.

