MUCHACHOS CON DON BOSCO

Dones del espíritu

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Juan Linares, SDBSanto Domingo

Hemos celebrado la Fiesta de Pentecostés y en ella hemos recibido los dones del espíritu que son la mejor gracia que se nos puede dar. Con el don de sabiduría percibimos la bondad y la belleza. Con él descubrimos la belleza y la bondad de las personas y de las cosas, también de las que son ordinarias y de las que están ocultas. Luego, la belleza atrae, entusiasma y no suscita tanto el sentimiento de la obligación cuanto del amor. Nos hace partir siempre de lo positivo. El don de inteligencia nos da la posibilidad de leer en profundidad. Es el don que busca, un acontecimiento profundo y consciente de la realidad, de los hechos. Vivimos en un mundo de apreciaciones rápidas y superficiales. Es el don que nos hace superar la superficialidad en relación a la vida, a la realidad, al mundo. No nos deja conformarnos con lo que se dice, ni con las noticias... va más allá. Acojamos el don de consejo. Con este don somos capaces de discernir cuál es la voluntad de Dios y realizar nuestra misión. Consejo quiere decir proyecto de vida. Es capacidad de discernimiento y opción, de justa decisión y disponibilidad para seguir lo que se ha elegido. Es un maravilloso don contra el inmediatismo. Don importante para conocer lo que Dios quiere de cada uno, para medir las propias posibilidades, para seguir la senda que se nos indica. Recibamos el don de fortaleza. Con este don recibimos valor, tenacidad, fuerza interior. La importancia de saber estar. No podemos ser dudosos ni ambiguos, sino claros y explícitos en las valoraciones y en las propuestas. Este don nos hace ver que los resultados exigen esfuerzo y que es necesario comprender el sentido de la fidelidad y de educar hacia ella. El espíritu nos da el don de ciencia. Este don es llamado también de conocimiento. En la Biblia conocer es comprender a través del amor. La ciencia es ese don que nos lleva a conocer por amor. Las cosas se conocen solamente en el corazón. Este es el don que nos lleva, sobre todo, a conocer a Dios, a través del amor. Además, nos hace ver que el servicio a los demás es cosa del corazón. Recibamos el don de piedad. La “pietas” es la relación, el sentimiento y la adhesión de los hijos a sus padres. La piedad nos lleva a creer que todo lo que nos sucede obedece a la voluntad de Dios. Nos hace dirigirnos a Dios como a un padre y abre nuestros labios para rezar el Padre Nuestro. Es una invitación a renovar en nosotros y en nuestros ambientes la cercanía de Dios. Y, finalmente, se nos infunde el don de temor de Dios. Con él recibimos el sentido de la grandeza y de la santidad de Dios. Dios es todopoderoso, soberano, creador, Señor... No lo podemos convertir en un instrumento. Debemos buscar en Él el fundamento de todo. Este don nos lleva a hablar bien de Dios, a tener de Él una verdadera imagen.

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