EN PLURAL
El mejor predicador: fray ejemplo
Aunque toditas las encuestas lo afirmaren, no les daría crédito. Es verdad que he leído y respeto mucho a José Ramón López y a don Américo Lugo, dos grandes pesimistas en el pensamiento dominicano; pero mantengo con firmeza la confianza en la inteligencia de mi pueblo. He sido maestra de escuela pública muchos años, y ayudé a aplicar los primeros tests factoriales a los/las estudiantes del Colegio Universitario de la UASD, junto a Jesús de la Rosa y otros profesores que se estrenaban en el oficio de la orientación profesional. El factor “G” que mide la inteligencia general dio puntajes muy altos en esos jóvenes, solo alterados por la pésima ejercitación a causa de la educación recibida, memorística, no pertinente, poco atractiva. Es lógico creer que los muchachos/as que en esos tests demostraron ser inteligentes, lo siguen siendo ahora, ya adultos, y que hayan corregido algunas de sus fallas educativas en la praxis vital que es la mejor maestra. Los pobres demuestran esa inteligencia en el heroico, sagaz manejo cotidiano de su supervivencia: Inventan oficios ingeniosos, inéditos para obtener aún tan precariamente el sustento. Los ricos, también. Su inteligencia los guía en la construcción de sus fortunas, unos las hacen demostrando laboriosidad y competencias, otros, con astucias de medio pelo, pero igualmente, con ingenio. Siendo así inteligentes, a los dominicanos y a las dominicanas no puede pasarnos inadvertido lo que sucede en el país: el mal gobierno que sufrimos, la indiferencia olímpica y la arrogancia con que los peledeistas dan “capotazo” a los grandes problemas nacionales, el ofensivo despilfarro de los salarios de los funcionarios, la burda maniobra de las ONG´S propiedad de legisladores y funcionarios, aprobadas al vapor en un Congreso complaciente, y la falta de prioridades que hizo “estriptease” sin embozo en la Ley de Gastos Públicos y Presupuesto de la Nación de este año 2008: con un Metro que atropella los fondos para la educación y la salud, la asignación para una presidencia centralista por encima de la partida legal que les corresponde a los municipios, y la presentación de la estabilidad económica como un fin, cuando debió ser el medio para lograr la cohesión social en base a la redistribución del bienestar. Una de las facultades que destacan en la caracterización de la inteligencia es lo que nosotros los cristianos denominamos “discernimiento”. Definido sin las sutilezas teológicas ni tecnicismos gramaticales, digamos que el discernimiento permite penetrar en el fondo de las situaciones, desentrañar su sentido real, comparar con otras circunstancias, y por supuesto, extraer conclusiones propias, no empañadas por espejismos mediáticos. Teniendo como premisa que los dominicanos somos inteligentes, y por lo tanto, discernimos lo que es trigo y lo que es paja, ¿podemos entonces votar de nuevo para que vuelva a ser Presidente de la República el Dr. Leonel Fernández? ¿Por qué, para qué, a santo de qué? El ciudadano Presidente Fernández no ha cumplido con el juramento que ha hecho ya DOS VECES, el 16 de agosto del 1996, y el 16 de agosto del 2004, de respetar la Constitución y las leyes. Como ejemplo, ahí está, vivito y coleando en el escándalo, el caso de la Sun Land. Sumemos la violación perpetuada ocho veces, cada vez cada año de sus dos gobiernos, de la ley 66-97 de Educación, de la Ley de los Municipios, y últimamente, de la ley de Austeridad que el propio presidente propició, así como de otras tantas disposiciones constitucionales y legales. ¿Puede esta acción insolentemente reiterada que desprecia una institucionalidad que tanto se invoca desde el Palacio, ser olvidada por una población votante en que predomina la cohorte de edad de los que aún no sufren del mal de Alzheimer? Al Presidente Fernández nadie le niega que habla bien, y que es muy capacitado y talentoso. Lo malo es que él lo sabe, y se encarga de recordárnoslo continuamente, atribuyéndose una especie de autoridad aristotélica frente a los que para él no son igualmente dotados. Arrogancia intelectual podría parecer eso y mi modesta inteligencia me indica que en política no rinde buenos dividendos. Lo peor es que el Presidente utiliza esas capacidades para tratar de tapar con hermosuras errores, deficiencias, “travesuras”, ausencia de planes y programas. Y como somos inteligentes, aunque él no lo crea, y lo hayan puesto en duda Don José Ramón y don Américo, los dominicanos nos percatamos que dice lo que no es y lo que no hace, ni ha hecho en los ocho años en que ya ha gobernado. ¿Entonces, ¿por qué dar crédito a esas promesas, todas vulnerables por la praxis, qué esperamos de este árbol que no ha dado fruto? Una vez, dos veces, puede pasar, los dominicanos somos generosos, damos segundas oportunidades, y la magia de los juegos de artificios mediáticos logró en dos ocasiones deslumbrarnos. Pero el gobierno peledeista se copia a sí mismo cada vez que nos hemos equivocado votándolo. Ahora discernimos mejor, y nos espabilamos, frente al abuso que de nuestra paciencia y de su insolencia quieren hacer los peledeistas pretendiendo DE NUEVO, engañarnos. Apuesto a que esta vez no van a lograrlo. Nuestras capacidades de bonhomía y resistencia están agotadas, y nuestra inteligencia percibe el descontento de ojos abiertos y lengua desatada en la calle, en las guaguas, en el Supermercado. El Presidente Fernández no va a ganar las elecciones este año, no importa que la Gallup, la Penn and Schoen y cualquiera otra agencia extranjera o criolla lo anuncien con cifras contradictorias y confusas. Al fin y al cabo, y no lo olvidamos, estas agencias son empresas, por lo tanto negocian, y puede que si aguzamos el ingenio, percibamos que detrás de los vaticinios de alguna franquicia o de nuestros propios fenicios, una sombra morada aparece, munífica y convincente, corporizando el adagio “aquel que paga, manda”…. aunque esto solo será válido hasta que el 16 de mayo las urnas den su inapelable veredicto. He citado un refrán elocuente, aunque tiene una carga un tanto maquiavélica para mi gusto. Me permito recordar este otro, que compendía mi reacción y la de muchos cuando escuchamos los repetidos discursos ajados de los peledeístas. “El mejor predicado, Fray Ejemplo”. Ese buen fraile honesto que habla por sus acciones está ausente en el púlpito desde el que se desgañitan los peledeistas, intentando burlarse de nuestra inteligencia. DE NUEVO. Fray Ejemplo está abajo, con nosotros, los que vamos a votar con la experiencia acumulada de dos malos gobiernos del Dr. Fernández y de su partido.. Nos advierte que el “p´adelante” es “p´atrás”, que es lo mismo, lo mismo. ¿Por tercera vez? No lo sueñen. Fray Ejemplo y nuestra inteligencia decretan que la reelección del Dr. Fernández es imposible.

