VIVENCIAS

Talento sin probidad

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Juan Francisco Puello HerreraSanto Domingo

Sin rubor alguno, Atenea sostenía que Dios le había otorgado el mejor de los talentos, sentirse segura de si misma y de no haber necesitado absolutamente a nadie para alcanzar la cima de la intelectualidad y el progreso económico. Con una inteligencia superior al promedio, desde muy pequeña explotó el “orgullo” de sentirse diferente a los demás. Las mejores notas, la capacidad de retención, la facilidad para aprender otros idiomas. Estas y otras cualidades más avalaban sus prodigiosas dotes. Los padres, cual pavo real, pregonaban por doquier que su hija no tenía límites en cuanto a los logros que habría de alcanzar durante su existencia. Y la predicción se cumplió. En cada etapa de sus estudios lograba los más altos honores. La historia se repitió durante su preparación en universidades extranjeras, logrando por igual reconocimientos y premios. De regreso a su tierra sentía que había llegado a la cúspide de sus aspiraciones. En esa búsqueda de lo perfecto inició su carrera profesional cosechando éxitos y posteriormente siendo reclutada en importantes empresas multinacionales. Ya no solo se conformaba con explorar o explotar el mercado nacional ahora apuntaba hacia otras latitudes. Su agitada vida social se ensanchaba de tal manera que se creía dueña del mundo y de todos los seres vivos que lo pueblan. Con mucha habilidad puso sus conocimientos al servicio de la influyente sociedad reportándole grandes ventajas económicas. No descansaba en su afán de formar parte vital del círculo privilegiado de aquellos que se anotan en la rueda de la “fortuna social” y que inciden en la toma de decisiones en todos los ámbitos de la política domestica. Cada vez que tocaba las puertas de éste círculo se abrían bajo el encanto de su bien dotada capacidad de adaptarse a cualquier idea por inusual que pareciera. Siempre y cuando su proyecto personal no corriera riesgo, mostraba las garras que tenía de no aceptar imposiciones aplicando el método que le había dado tantos resultados, la imposición de las ideas. Cuando asistía a cualquier evento lo hacía con donaire hablando siempre ex-cathedra y bajo la premisa que todos a su paso debían rendirle honores. Bajo la falsa concepción de un finalismo ficticio estaba persuadida que todo cuanto dijera o hiciera constituía un precedente profesional y social. Pero algo olvidaba esta diosa, fuente de la sabiduría y de la inteligencia, el talento se forma en la quietud, algo que distaba mucho en poseer. Atenea ya no está con nosotros, murió como cualquier mortal. Olvidó en su vida temporal algo que la delataba, su origen humilde que lamentablemente no se correspondía con sus actuaciones. Queda de esta historia la vivencia que el talento fructifica en la medida que lo pongamos primero al servicio de Dios. ¡Que lastima que ese talento no haya sido puesto al servicio de Dios!.

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