In memóriam a mi hermano Pascal Peña
Escribo a los pocos días de tu partida. Lamento que no podrás leerme. Siempre me decías que escribiera para que no se perdieran anécdotas, recuerdos, personajes y pasajes de la vida banileja. Te contestaba con mi excusa de siempre: El tiempo. No haré una semblanza de tu vida, sino que mezclaré datos y viejos recuerdos de infancia. Nacimos y crecimos en Baní en el hogar de nuestros padres Ángel María Peña Castillo y Juanita Peña, con apenas dos años de diferencia. Luego nacieron nuestros hermanos Regla Ronsalk (epd) y Alma América. Al fallecer nuestra madre en segundas nupcias nacen nuestras hermanas Ángela María y Dulce Providencia, al contraer matrimonio papá con la dama Dolores Mireya Castillo. Nuestra primera infancia fue placentera, llena de inocencia, de afectos y juegos con nuestros amigos y contemporáneos del barrio. Correrías en el parque Marcos A. Cabral detrás del camión municipal regando agua para aplacar el polvo, largas y curiosas horas observando a Don Toñito Moscat, viejo albañil, adoquinando el parque o escuchando la retreta de la banda municipal, primero en horas de la tarde y luego en la noche. No olvido tu primer día de clases al cumplir tus siete años, tomado de la mano, uniformado y cuaderno en ristre, papá te llevó a la antigua escuela de la sabana. Han pasado décadas y esa imagen está fresca en mi mente, pues yo curioseaba desde la esquina hasta pederse ustedes al doblar en la factoría de Don Virgilio Pimentel, situada en la calle Presidente Billini. Cuando llegaba la tarde papá habría la mesa de extensión del comedor y nos ponía a leer bajo su vigilancia, sentado en su escritorio de Caoba trabajando. Tus furtivos escapes al parque de noche apenas siendo adolescente, para escuchar las conversaciones de esa generación que te precedió de jóvenes intelectuales banilejos. Recuerdo algunos: Héctor Pérez Reyes, Colombino Perelló, César González Celado, y otros anteriores a ellos que hicieron del parque Marcos A. Cabral, cenáculo literario. Incursionaste poco en el arte musical, pero naciste artista. Desde niño tocabas castañuelas, instrumento que repicabas alegremente. También tocabas una armónica con la cual interpretabas clásicos de la época. Fuiste prestidigitador, actor, locutor, dramaturgo, declamador, narrador y cineasta en ciernes. Hacías cine con unas cajas, figuras de cartón, velas y las proyectabas en una pared narrando gestos y movimientos hasta que apareció en la escena una vieja y pequeña cámara proyectora que te prestó tu amigo de siempre, Anguilla Pérez. Ahí hiciste cine más avanzado hasta la intervención de papá porque distraía tu tiempo. Siempre fuiste inquieto. Incursionaste hasta en la electrónica cuando hiciste una extraña conexión en el radio Phillips de nuestra casa, donde ponías canciones y se escuchaban en varias casas de los alrededores. No recuerdo si también se oía tu voz, situación que provocó alarma en nuestro padre por la situación política de la época. Describo apenas pinceladas de tu vida. Tus vivencias en España, tus regresos e invitaciones para que yo residiera allá. Al comienzo de la década del cincuenta te trasladaste a Santo Domingo a iniciar tus estudios universitarios y a la vez das tus primeros pasos en el periodismo. Regresaste a Baní ocasionalmente en visitas familiares y culturales. Transcurría el tiempo y lógicamente te alejabas de Baní sólo aparentemente; pero te mantenías al día preguntando por sus gentes, por tus amigos y te sentías interesado por las actividades que se realizaban allá. Los encuentros de los viernes en tu oficina, en los cuales repasábamos la cotidianidad, reglexionábamos y recordábamos diferentes etapas de nuestras vidas. Nuestras confesiones sobre diferencias familiares, entre tú y yo, con papá y al final concluir que eran problemas de estilo no de fondo. No sé donde estarás pero te siento cerca. Los veda, libros sagrados primitivos de la India señalan que el cuerpo astral queda merodeando por días entre los familiares. Como todos tuviste virtudes y defectos. La perfección no es humana, está reservada al Creador. Seguiré recordándote siempre. Descansas ya junto a papá y nuestro hermano Regla. Muy pronto los restos de nuestra madre estarán junto a ustedes. Luego iremos otros. Descansa en Paz hermano. Como homenaje póstumo transcribo a continuación las palabras finales que escribí y que por el llanto no puede leer en tu tumba. Lo hizo nuestro mutuo amigo José Miguel Germán Medrano. Hermano mío aquí estamos en la cita final de tu vida. De regreso a nuestra tierra que nos vio nacer un día cualquiera y donde recorrimos juntos sus calles, sus ríos y sus montañas. Aquí te dejaremos a la sombra del Cucurucho de Peravia que tantas veces escalaste, para tu descanso eterno, en nuestro bucólico Baní que nos ha dado tantas alegrías como tristezas hoy; atrás por nuestro hermano Regla y aquel imborrable 4 de noviembre del 1971, que cayó el robusto y frondoso árbol que fue nuestro padre. De nuestra madre los borrosos recuerdos del tiempo. Así continuará la vida, iremos otros; al final nos encontraremos. Para mí tu rostro es el mismo cuando me dejaste en casa el sábado en la tarde. No he querido verte en tu apacible sueño que aparentas. ¿Será reflejo de tu conciencia?, que me decías que no guardabas odios ni rencores. Pero te hago una pregunta y sé que no tendrás respuesta. Cuando me llamaste el sábado para almorzar juntos fue para despedirte?. He meditado mucho sobre nuestras conversaciones, sobre tus planes futuros, de tu vida y la oficina. Pero bien hermano mío. Hoy conozco testimonios de tu vida que desconocía. Me siento bien. Nuestras conversaciones de los viernes, donde reflexionábamos de la vida, sobre el apego que nuestro padre nos inculcó sobre Baní, por nuestra virgencita de Regla, sus fiestas, etc., es un hermoso legado que yo juro ante tu tumba mantendré como último descendiente de tu estirpe. A todos los que nos han acompañado en este triste momento, gracias a nombre de toda nuestra familia.

