Espectáculos de muy mal gusto

Son espectaculares las entregas de cheque hechas por el presidente Fernández en Barahona y en Santiago Rodríguez. Exhibir las réplicas de dos cheques ampliados, sin ninguna función de pago ni cobro, es un acto de mal gusto, más digno de un desfasado presentador de fantásticos concursos televisión que de un mandatario. Este tipo de cheque ampliado, utilizado corrientemente en tales espacios, carece de valore real. Siempre se ha comentado que raras veces llegan a los bolsillos de los ganadores que los reciben ante las cámaras. No pasa de ser un burdo instrumento propagandístico, desacreditado por su uso y abuso. Lo peor de todo no es un recurso de campaña utilizado alegremente por el Presidente, explicado que no justificado. Es que lo este aplicando en medio de la situación de calamidad que vive el país por los desastrosos efecto de la tormenta Noel y la secuela de enfermedades y escasez de alimentos dejadas por el fenómeno tras enlutar a miles de familias y causar millonarios daños al aparato productivo. Se supone que el Gobierno debe ir en auxilio de las familias desamparadas, así como de productores agrícolas. Es lo que debe disponer el jefe del Estado en su despacho. Serena y ponderadamente. Con la seriedad y sobriedad que el momento amerita (de esa forma deben estar revestidos los asuntos de Estado). Sin embargo, aprovechar las calamidades de la gente y las necesidades de los productores para presentar tan feo espectáculo, sacando ganancia y provecho de los ocurrido, delata una enorme falta de sensibilidad y sentido común. Atributos que se siempre se echan de menos en un jefe de Estado. ¿Están de vacaciones los consejeros de cabecera de Leonel Fernández o perdieron su empleo? O, acaso, ¿menosprecian estos expertos y el Presidente el buen juicio del dominicano promedio, apostando a la falta de educación y al uso de los medios como infalibles instrumentos de manipulación. A lo mejor, ellos están en lo cierto y el equivocado soy yo: este es un país de gente bruta, donde lo mediático se impone, aún cuando se utilice de la manera más absurda y ridícula.

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