A MITAD DE SEMANA

¿A dónde llegaremos?

No ando rebuscando en la vida privada de nadie. Soy de los que creen y profesan que cada uno es responsable de sus actos, los comparta o no. Sin pretender ser más “moralista” y/o “puritano” que nadie, confieso que me siento asombrado, impactado, por las noticias que nos llegan desde Santiago y que provocaron la reproducción de hechos similares en Puerto Plata y otros centros de recreo de la región Norte que anuncian el “matrimonio” de homosexuales. Lo grave no es tan solo que se propague como algo “normal” y hasta “espectacular” que dos hombres hayan decidido “casarse” públicamente, porque de hecho son no pocas las “parejas” de homosexuales y/o lesbianas que conviven bajo un mismo techo. Lo que más me impacta es que se haya informado que un juez civil “formalizó” el “matrimonio”. Lo que ocurrió fue un montaje, un show en que se parodió que un “juez civil” estaba realizando el casamiento, lo que por suerte fue aclarado por el magistrado Roberto Rosario, presidente de la Cámara Administrativa de la Junta Central Electoral, quien dejó bien en claro que esta “unión” no constituye un acto legal, consignado en las leyes, para una relación “normal” de pareja dentro de las leyes de convivencia de la sociedad dominicana. La proliferación de centros de diversión de frecuencia de homosexuales y lesbianas en la Capital –especialmente en la zona colonial-, Santiago, Puerto Plata y puntos turísticos es alarmante y choca con nuestras costumbres y el intento de hacer creer que esto es una actividad “normal” en nuestro país no es más que un abuso contra la sociedad. No creo en cruzadas moralistas y menos en persecuciones como en los tiempos de la inquisición. Pero si creo y apuesto a un ¡NO! rotundo a aberraciones -como las calificaran el presidente de la Suprema Corte, Jorge Subero Isa, y el Cardenal López Rodríguez- que traten de imponerse en nuestro país a fuerza de “costumbre” y proclamas de una libertad que ofende. rlgonzalez@codetel.net.do

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