LIBERTAD DE EXPRESIÓN

La prensa, rehén de los intolerantes

Los dictadores y los gobernantes de la “nueva izquierda” tienen en común el instinto de aplastar o someter a sus caprichos a los medios de comunicación independientes. Unos lo hacen sin contemplaciones, despreocupados de lo que diga el mundo; otros matan lentamente, sin anestesia.Utilizan, para ello, una diversificada gama de estrategias, acciones e instrumentales: insultan, apresan, amenazan, matan o hacen la vida imposible a periodistas, para que tengan que irse al exilio o, atemorizados, dejar la profesión. También cierran medios, o les dificultan tanto su quehacer que terminan quebrados y, en su lugar, instauran periódicos, televisoras o radioemisoras con abierto o velado patrocinio gubernamental.En naciones gobernadas por dirigentes intolerantes, como ocurre en Asia, África, Medio Oriente y en ciertas regiones de la antigua Unión Soviética, los métodos son generalmente brutales. La libertad de prensa queda de inmediato suprimida, y aquél que intente desahogarse o luchar desde la clandestinidad, sabe que le espera la muerte, la cárcel o el exilio.En América Latina estos sucesos ya se tornan comunes y corrientes.Siguiendo la tónica insultante de Chávez, en Venezuela, otros mandatarios afines a su línea, como Evo Morales, en Bolivia y Rafael Correa, en Ecuador, no cesan de atacar a la prensa independiente, como un primer paso para atemorizarla o adocenarla, mientras el presidente paraguayo Nicanor Duarte Frutos, exasperado e intolerante frente a las denuncias sobre la corrupción en su gobierno, llegó al colmo de decir en estos días que “el enemigo en Paraguay no es la oposición, sino el periodismo anticolorado”, o contrario al Partido Colorado, al que pertenece y, desde entonces, se ha desatado una campana de diatribas que toman a la prensa como chivo expiatorio para justificar distintas agresiones.En otras latitudes, la situación todavía es peor.En Teherán, de acuerdo a los informes de “Periodistas sin Fronteras”, el supremo tribunal condenó a muerte al periodista Adnan Hassanpour, de la revista semanal Aso, por cargos de espionaje y ser “enemigo de Dios”, ya que había informado sobre los abusos y crímenes cometidos contra los ciudadanos del Kurdistan. En lo que va de año, 300 personas han sido ajusticiadas por orden judicial. En Pakistán, como en Georgia, donde imperan estados de excepción o de emergencia, la libertad de prensa ha quedado suprimida. El dictador Musharraf cerró todos los canales de radio y televisión independientes, expulsó del país a varios periodistas extranjeros, y ordenó el arresto de otra significativa cantidad. Al periodista que se atreva a decir la verdad o a informar de la profunda crisis política en curso, le limpian el pico sin miramientos.En Bahrein, las autoridades sauditas prohibieron blogs, accesos a sitios de la Internet y toda trasmisión periodística con alusiones críticas al régimen que cada vez restringe más los espacios de libertad, llegando inclusive al ridículo de prohibir películas, como “The Kingdom”, que denuncia la guerra contra el terror en esa zona del Medio Oriente.Como se puede apreciar, los reductos de la libertad de expresión se ven cada vez mas amenazados en el mundo. Es por eso que, desde la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y otras organizaciones defensoras de esta libertad, se libra constantemente una lucha en favor de las denuncias contra aquellos depredadores que, desde el poder, y sin importar si se presentan como falsos demócratas, descarnados dictadores o fanáticos del autoritarismo, llevan a cabo estos ominosos designios.*EL AUTOR ES MIEMBRO DE LA COMISIÓN CONTRA LA IMPUNIDAD DE LA SIP Y MIEMBRO DEL COMITÉ EJECUTIVO DE LA ASOCIACIÓN MUNDIAL DE PERIÓDICOS (WAN). CONTACTE EN LAOPINIONDEMIGUELFRANJUL.BLOGSPOT.COM

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